Con Carmen Duarte Díaz, por los caminos de ciencia

La investigadora Carmen Duarte. Foto: Jesús Muñoz

La investigadora Carmen Duarte. Foto: Jesús Muñoz

Carmen Duarte Díaz ha hecho camino al andar. Capacitación, voluntad y deseo de superación la han convertido en una investigadora reconocida, referencia en el ámbito de las Ciencias Agropecuarias y formadora de nuevas generaciones.

Con seis décadas de vida, esta mujer nacida en La Habana prefiere hablar en plural. Escucharla decir “nosotros” o “nosotras” confirma su modestia, pero también refleja el pensamiento de quien tiene bien clara la importancia de los esfuerzos colectivos para garantizar buenos resultados.

“A especialistas, técnicos, técnicas y el resto del personal de investigación trato de enseñarles el valor de trabajar en equipo, de ayudarse y respetarse como la base del trabajo”, dijo la científica del Instituto de Investigaciones de Ingeniería Agrícola (IAgric).

Habitualmente se considera que la producción científica puede ser algo solitaria. Sin embargo, Carmen afirmó que más allá del estereotipo, la compenetración del colectivo es fundamental para obtener buenos resultados.

Ese criterio lo avalan más de 35 años de consagración a la profesión, donde ha compartido “con amplios grupos de trabajo en el instituto, la universidad y en muchas provincias”.

Duarte, quien durante 15 años dirigió el Departamento de Investigaciones de Riego y Drenaje de su institución, siempre ha combinado su trabajo en los laboratorios con la enseñanza. “La investigación me apasiona y me permite indagar con mayor profundidad en cada tema, pero además disfruto capacitar a los jóvenes, aspecto necesario para que haya relevo e ideas frescas”.

Frente de las aulas es exigente, consciente de que el esfuerzo y la dedicación son esenciales para progresar. Así ha sido su vida desde que se graduó como ingeniera en Agronomía, en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (Iscah), en la actualidad la Universidad Agraria de La Habana “Fructuoso Rodríguez Pérez”. Esa ha sido su guía para llegar a convertirse en Máster en Riego y Drenaje y Doctora en Ciencias Agrícolas.

“Al salir de la escuela comencé a trabajar en el Instituto de Investigación de Riego y Drenaje hasta que se fusionó con el Instituto de Mecanización en el año 2010 y se creó el IAgric”, relató.

“Al inicio comencé como investigadora aspirante atendiendo el laboratorio de suelo y agua que radica en Artemisa y poco a poco transité por cada una de las categorías científicas y docentes, hasta convertirme en investigadora y profesora titular”, precisó.

En la actualidad coordina la maestría de Riego y Drenaje en la región occidental del país, integra la Comisión de Grados Científicos del Ministerio de Agricultura (MINAG) y lidera un proyecto para el pronóstico de riego en función de la variabilidad climática del Programa Nacional de Cambio Climático. De igual modo posee más de 40 publicaciones académicas y ha brindado sus conocimientos en centros educativos de España, Venezuela, Perú, Colombia y Nicaragua.

Esos logros no hubiesen sido posibles sin “tenacidad, persistencia y estudio constante”, cualidades que han guiado su trayectoria. Según explicó, la labor investigativa “es muy sacrificada, sin horarios, siempre hay algo nuevo que hacer, compite incluso con la vida familiar y lo que tiene que ver con el esparcimiento (…)”.

Su compromiso con el desarrollo de la ciencia en la nación caribeña también la lleva a advertir algunos obstáculos que atentan contra la realización plena del personal científico. “Nuestro trabajo no está pensado para conciliar adecuadamente las cuestiones laborales y personales. Y aunque no siempre lo vi así, ahora entiendo que la vida familiar no puede descuidarse y es igual de importante”.

Insistió asimismo en que “se les debe otorgar mayor reconocimiento económico y garantizar mejores condiciones a quienes investigan”.

Precisamente porque hay mucho de abnegación en su carrera, Duarte reconoció que la familia ha sido fundamental. “Mis hijos, por ejemplo, son comprensivos, han sido parte de cada logro y siempre están ahí para colaborar. Si en algún momento no entendieron los sacrificios, con el tiempo han descubierto lo valiosa que es mi labor y cuánto la disfruto”, reflexionó.

Ellas son protagonistas

Las mujeres en Cuba ocupan crecientes espacios en la vida

Las mujeres en Cuba ocupan crecientes espacios en la vida. Foto: Archivo Radio COCO

Hablar de género en los campos cubanos va dejando de ser extraño. No solo porque los conceptos sean de dominio público, sino porque las instituciones, organizaciones y familias están llevando esos aprendizajes a la cotidianidad.

Formada como una mujer independiente, resuelta y cuyos méritos la hacen ser exitosa, Carmen Duarte no elude referirse a la situación de sus colegas y las agricultoras cubanas, sobre todo las que ha observado en los municipios Güira de Melena (Artemisa), Los Palacios (Pinar del Río) y Jimaguayú (Camagüey), territorios donde ha trabajado como parte del proyecto “Bases Ambientales para la Sostenibilidad Alimentaria Local (Basal)”, que promueve la adaptación al cambio climático en el sector agropecuario cubano a nivel local y nacional.

Ella opinó que las mujeres de esas localidades y otras de la mayor de las Antillas “han conquistado un merecido protagonismo, lo han tomado ellas mismas, pero hay que seguir adelante porque todavía hay machismo.

“Cada vez son más, pero todavía existen prejuicios y en algunos sitios se escucha decir: ҅eso no es para mujeres ҆, aun cuando la realidad demuestra que no es cierto. En el IAgric, por ejemplo, hay investigadoras, dirigentes, técnicas…, estamos en las diversas especialidades.

“Y las que están en la agricultura, en los tractores, la ganadería y tareas de riego, aunque no son todas las que quisiéramos, demuestran que sí podemos asumir cualquier actividad”, remarcó.

A su juicio, “cuando existe capacitación y conocimiento no importa si eres mujer u hombre. Mientras conozcas el sector y la actividad concreta que te corresponde puedes hacer cualquier cosa”.

Las marcas del sexismo y la discriminación de género parecen no ser tan visibles en su vida, sin embargo siempre está atenta para que no aparezcan. “No he sentido tan fuerte la huella del machismo, ni percibo que me haya obstaculizado mucho. En casa tampoco ha sido tan difícil. Pero donde esté trato de que las personas jóvenes eliminen las actitudes machistas”, afirmó.

Con su vocación de formadora de nuevas generaciones, deja mensajes para otras muchachas que hoy comienzan en la investigación, en el ámbito agrícola o las que aún estudian en las escuelas. “Solo les digo que trabajen con amor, que exijan respeto por lo que hacen y no tengan miedo, porque así llegarán los resultados y la satisfacción será inmensa”.

Basal: por la sostenibilidad alimentaria local

En esa inserción de las féminas en el sector agropecuario, el aumento de sus posibilidades y oportunidades en las cooperativas y otros espacios se aprecia el aporte de Basal, programa potenciado por la Agencia de Medio Ambiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, acompañada por el Ministerio de la Agricultura.

El proyecto, implementado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) -que en el 2016 celebra su aniversario 50-, con financiamiento de la Unión Europea y de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación, está encaminado a emprender nuevas formas de producir alimentos con la mirada atenta a los impactos actuales y previstos del cambio climático y analizando, entre otras cuestiones, las vulnerabilidades asociadas a la construcción de las masculinidades y feminidades, las relaciones de género.

Carmen es una de las personas de referencia en el programa. Ha estado vinculada desde el inicio y en la actualidad coordina la gestión de iniciativas afirmativas locales para contribuir a eliminar desigualdades entre mujeres y hombres que limitan la adaptación al cambio climático.

La especialista explicó que “Los Palacios, Güira de Melena y Jimaguayú, comunidades que destacan en la producción de arroz, cultivos varios y leche, respectivamente, fueron seleccionados por su importancia para la economía cubana y las vulnerabilidades que tienen para garantizar la sostenibilidad alimentaria, en función de la variabilidad del clima y el cambio climático”.

Duarte ha aportado mucho al proceso, “desde el diagnóstico en el que se determinó el estado actual de cada municipio y definieron los factores limitantes de la producción”, rememoró.

“Luego comenzamos a trabajar en las medidas de implementación, que incluyen el análisis del cambio climático y a su vez los daños provocados por las personas, debido al mal manejo de los recursos naturales.

“Ahora mismo –continuó- ya está lista la primera versión de los indicadores que evalúan hasta qué punto las medidas de adaptación han aportado los resultados esperados”.

Además de sus conocimientos científicos, conoce lo que ocurre en la fincas y está al tanto de la situación al pie de surco. Por ello se aventura a describir algunos de los resultados concretos alcanzados desde que se implementa Basal.

Con orgullo comentó el alcance y la importancia de las minindustrias, “equipadas con tecnología de avanzada para elaborar conservas con altos patrones de calidad, además de ayudar a cerrar el ciclo de la producción y evitar la pérdida de una parte de la cosecha ante situaciones climáticas desfavorables como elevadas temperaturas, huracanes y otros”.

De igual modo, certificó que se presta mucha atención al “uso conservacionista de los suelos, con los principios de la agricultura de conservación, elemento importante en la actualidad para reducir la degradación de la tierra.

“Eso se logra con la utilización de multiarados, sistemas de riego más eficientes, con capacitación a productores y productoras y además se ha ido trabajando en la inserción de tecnologías para aprovechar los recursos bioenergéticos y las fuentes renovables de energía como biodigestores, sistemas de energía fotovoltaica y molinos de viento, entre otras”.

“El trabajo se ha encaminado a que la producción sea cada vez más amigable con el medio ambiente, esté más atenta al clima, más saludable y al alcance de las personas”, puntualizó.

De igual forma, resaltó que “desde la ciencia se vela atentamente por la producción, porque la idea es mantener siempre el vínculo entre los resultados investigativos y lo que se obtiene en los campos, elemento promovido por Basal”.

Definitivamente, el camino transitado por Carmen Duarte no puede asociarse a la soledad del laboratorio. Su quehacer ha estado marcado por la cercanía con las personas que le rodean: colegas, estudiantes, agricultores y agricultoras.

La satisfacción es evidente en esta mujer, cuyos resultados científicos dejan una huella visible en la sociedad. “No he trabajado por reconocimientos, sino por amor a la profesión y la necesidad de sentirme útil. La investigación es el mayor aporte que he podido realizar al país, pero también es lo más grande que he hecho por mi propia realización”.

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