
En Cuba las madrinas se convierten en segundas madres. (Foto: Alfa y Omega)
No siempre en el Día de las Madres se menciona a las madrinas y sin embargo, suelen estar muy cerca de sus ahijados, incluso cuando ya han crecido, se casan y tienen hijos, que a su vez, suelen reconocerlas como a un familiar.
En Cuba, una madrina se escoge con mucha atención. Generalmente es alguien muy cercano a la familia y ya con esta denominación, pasa a formar parte de ella de manera más activa; comparte los problemas y éxitos de sus ahijados y no son pocos los casos en que, en caso de ausencia materna, se hacen cargo de las criaturas.
Las madrinas – y los padrinos también – son algo muy serio en este país, donde las relaciones humanas fluyen sencillamente, la solidaridad es un signo de identidad y los vecinos se intercambian desde el café a las preocupaciones cotidianas. Obviemos los encontronazos e incomprensiones, que son parte de la vida y se manifiestan en todas partes del mundo.
Hoy existen aquí diferentes categorías de madrinas y padrinos. Por ejemplo, en las religiones de origen africano se producen estos vínculos. Son muy íntimos y respetuosos al máximo y los ahijados siguen al pie de la letra lo que le indican en cada momento de su vida estas y estos guías espirituales.
Hay gente joven en el barrio que como muestra de deferencia, igualmente te llama madrina y así por el estilo. De hecho se es madrina “por la iglesia” o por designación, – “de dedo” – como decimos los cubanos; pero las responsabilidades que se asumen por educación de siglos y convicción, son idénticas. Claro, los hay mejores y no tan buenos madrinas y padrinos, pero lo cierto es que de alguna manera, siempre se manifiestan.
Tengo una experiencia hermosa en este sentido. Quise ser madrina sin bautizo de un niño. La empatía determinó ese pedido. Y así fue. Pero mi ahijado tiene unos hermanos jimaguas que protestaron porque no tenían ¨madina¨, así que ellos me escogieron. El caso es que ya se han añadido dos del barrio y suman cinco ahijados, varones todos. Ya esa es una cifra que te abruma. Incluye todas las responsabilidades que comenté, más sacarlos en vacaciones, invitarlos a una función de teatro o al cine 3D, repasarles en las asignaturas, regañarles cuando es preciso, cooperar en los cumpleaños, más regalitos… ¡Caramba, pero qué bonito se siente!.


