Margarita: flor perfumada con más de ocho décadas

Margarita toca el piano mientras su perrita Niki comparte su banqueta. Foto: Gilberto González García

De estatura mediana, sonrisa abierta, mirada que transpira alegría y optimismo, es esta peculiar muchacha, quien atesora junto a su nombre de flor, más de ocho décadas de fructífera existencia.

Margarita mira con ternura a sus semejantes, mientras ocupa espacio en un banco del parque de la colina universitaria, acompañada por alguien a quien considera como un miembro de su familia: la chihuahua Niki.

Posee una conversación ágil y desenfadada, es excelente comunicadora y se confiesa, ante el mínimo interrogatorio, como una jubilada orgullosa de sus más de 40 años al servicio de la cultura.

Sus ojos pardos brillan especialmente con una especie de dulce añoranza cuando cuenta que laboró como profesora de piano y pianista acompañante de ballet y danza en la escuela de arte Paulita Concepción, del habanero municipio del Cerro.

El semblante se le dulcifica al hablar del piano, instrumento musical al que le debe su realización profesional y el espíritu de pedagoga que aún le acompaña.

Me transmite lozanía bien cultivada cuando miro su pelo blanquísimo y brilloso peinado con una raya a un lado, al estilo de Betty Davis, y su rostro, aún hermoso que se me antoja parecido al de María de los Ángeles Santana en sus años mozos.

Fácilmente, al conocerla, cualquiera le calcularía 20 años menos de los que ya cuenta. Quizás, además de su actitud optimista y su alma de artista, debe el mantenerse más joven de lo que dice ser a la práctica sistemática de ejercicios que realiza junto al grupo de sus vecinos tres veces por semana en el mismo parque de la colina universitaria.

Margarita García Valdés, con sus 83 años, es madre de dos hijos y abuela de tres nietos; aún ofrece sus conocimientos de piano a niños y adolescentes que los solicitan… ¿Su mejor lección? la sonrisa amplia y optimista con la que parece decir a cada instante: “gracias a la vida que me ha dado tanto”.

Después de la práctica de taichi, Margarita se toma un descanso en el parque con su inseparable compañera, Niki. Foto: Gilberto González García

En compañía de la autora de este trabajo: Foto: Gilberto González García

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