
Omara Portuondo. Foto: Internet
La voz de Omara Portuondo conduce las palabras sobre olas suaves; sabe escoger el paso agigantado cuando es imprescindible, dictado más por el corazón que por la academia.
En ella no hay alarde ni malgasto capaces de llegar al alarido como ocurre en algunos lesionadores del arte. Más que cantante es artista precisamente.
Tiene herederas y herederos: deben seleccionar de Portuondo lo esencial, adaptarlo a las posibilidades y sentimientos propios, sin tratar de ser ella ni dejar de ser como es cada uno. Es la forma superior de quererla y respetarla y, a la vez, quererse y respetarse.
La escucho, me llena de recuerdos. Invadido por lo mejor de mí, fortalezco la esperanza, doblego los pedazos podridos que me atacan. La amo como amo a esta tierra y a los camaradas de tantas batallas, mujeres y hombres incapaces de abandonarme a pesar de varias muertes que me han matado de alguna manera.
Omara me los sitúa al lado. Llegan novias de diversas etapas sin las arrugas del tiempo en la faz, en el quehacer. Sentir las caricias… A cada una le entregué mi pasión de cierta forma.
En la lejanía te siento tan cerca. Si estás cerca, la timidez que todavía me fustiga, impide darte mi querencia hacia ti. Por fin te lo expreso.
Esos feeling tuyos me conmueven, me transportan al Cayo Hueso* donde nací, al callejón dorado y venerable; somos coterráneos de aquella pequeña patria.
No me limito a tus actuaciones. Conozco de los batazos y fildeos del negro Bartolo, de tu madre imitando el canto de los pájaros en la mañana, y del jonrón de amor en ese digno hogar mulato.
Aquella página del cuarteto, tú y tu hermana guiadas por el magisterio de Aida. Baile, cuerpo, canción y calor en Tropicana. Honrar la televisión. Brillar aún más cuando comenzó a ser plenamente del país, sin que la perfección sea rotunda. Cuánto hay que aprender de tu profesionalidad.
Comprendiste, sin quedarte en las frases, la pureza del canto que surgía; refulgiste en la interpretación a La era está pariendo un corazón del Silvio Rodríguez perseguido por dogmáticos. Y la alegría de tenerte en mi misma trinchera por la Revolución que es también enfrentar lo mal hecho venga de donde venga. Hay muchos Moncadas por asaltar.
Eres tan de pueblo… Más allá: Omara Portuondo, el pueblo canta desde tu voz.
*Cayo Hueso: Consejo popular del municipio de Centro Habana.

