Repaso a Barranquilla 2018 (I)

Barranquilla nos dejó lecciones, interpretarlas y sacar ventaja de ellas depende de nosotros. Foto: Internet.

Una realidad aflora tras la conclusión de los XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla, Colombia 2018: el nivel de Cuba en muchos deportes ha descendido y los países del área han elevado sus guarismos.

Esa combinación, para nada directamente proporcional, ha ocasionado que la Mayor Isla de las Antillas pierda su hegemonía en el medallero final de la justa, por primera vez, desde la cita de Panamá 1970.

Ya los cálculos precompetencia presagiaban lo encarnizada que podría ser la lucha entre Cuba, México y Colombia por dominar la tabla de medallas de la cita, y preveían la alta efectividad que debía tenerse en las pruebas con probabilidades de oro para que la delegación antillana superara a sus dos rivales potenciales.

Pero a medida que avanzó el calendario competitivo ni fue tan cruenta la batalla por la supremacía en la tabla de medallas, ni nuestro país cumplió con la precisión necesaria para dar vida al vaticinio de los especialistas, pues la comitiva mexicana se instaló en la cima desde la primera fecha y nunca vio amenazado su triunfo.

Es cierto que el país sede quedó muy por debajo de la cosecha esperada, que Cuba no intervino en más de 90 pruebas y que la actuación de México superó todas las expectativas, pero la diferencia de 30 títulos entre aztecas y antillanos tiene lecturas que van más allá del incremento en el nivel competitivo de la región.

Disciplinas como béisbol, atletismo, voleibol de sala, judo, remo, baloncesto femenino y levantamiento de pesas, que tantas glorias han reportado al pabellón deportivo cubano en múltiples escenarios internacionales, atraviesan quizás por su peor momento de los últimos 30 años, más allá de algunas individualidades. Tanto es así que ni en la región centrocaribeña pueden emular los resultados que hasta no hace mucho tiempo se obtuvieron.

Otros deportes en los que nunca se fue dominantes, pero se lograban promover figuras de nivel mundial, o al menos con el talento para reinar en el área, como la natación, natación artística, gimnasia rítmica o el tenis, por solo citar unos pocos casos, ahora deben contentarse con solo ser medallistas.

Sin dudas, la carencia de implementos, la falta de rose internacional, el estado de las instalaciones, la deserción de atletas prospectos y consagrados y la tecnología obsoleta en algunas disciplinas, resultantes del bloqueo de Estados Unidos contra nuestro pueblo, y también las insuficiencias propias de nuestro deporte, mucho tienen que ver con la realidad actual.

Tampoco puede dejarse de mencionar que gracias a la solidaridad de la Mayor de las Antillas, muchos de los atletas que ahora derrotan a las principales figuras del patio en múltiples modalidades son asesorados por entrenadores cubanos, y eso demuestra la grandeza de nuestro movimiento deportivo, por más contradictorio que parezca.

Sin embargo, considero que se impone una revisión profunda del sistema deportivo a todos los niveles, esa que se pidió tras el descalabro olímpico de Beijing en el 2008, luego del fiasco panamericano en Toronto 2015, y después de tantos sinsabores en citas mundialistas de atletismo, judo, béisbol y voleibol, entre otras.

Pero la pesquisa esta vez debe ser más autocrítica, dirigida a evaluar la calidad y efectividad de los torneos nacionales escolares, juveniles y de mayores; a constatar si la captación de talentos es todo lo seria y masiva que se demanda; a revisar si las condiciones de alimentación, entrenamiento y alojamiento de los atletas en todas las provincias está acorde con sus necesidades.

Igualmente habrá que estudiar la calidad de las ligas foráneas en las cuales se insertan nuestros deportistas y cómo darles más fogueo internacional a los atletas de todas las disciplinas y no solo a los de aquellas priorizadas, pues la historia del deporte cubano ha demostrado que muchas veces en disciplinas donde no ha habido una tradición ganadora han surgido atletas y equipos de talla mundial.

No digo con esto que no se esté trabajando, pues de hacerlo estaría mintiendo. Pero los resultados y la práctica indican que lo realizado no es suficiente para mantener al deporte cubano en el lugar cimero que siempre ha estado, pese a problemas financieros y dificultades de diversa índole.

Barranquilla nos dejó lecciones, interpretarlas y sacar ventaja de ellas depende de nosotros.

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