
El voleibol de sala quedó como una cuenta pendiente para Cuba en Barranquilla 2018. (Foto: Cubahora)
A una semana de haber sido clausurados los XXIII Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla, Colombia 2018, se impone revisar lo realizado en cada una de las disciplinas competitivas para destacar la actuación de los deportes que cumplieron con las expectativas y definir dónde no se estuvo a la altura de lo esperado.
Comenzaré este análisis por los deportes colectivos, esos que aparentemente no tienen mucha incidencia en la posición final de las naciones porque otorgan una sola presea de oro por sexo, pero que a mi consideración marcaron el descalabro cubano en la cita centrocaribeña.
Si hubiera que elegir la disciplina de peor actuación por Cuba en barranquilla, esa sería, para este reportero, el voleibol. Un deporte que en este siglo ha sido víctima en más de una oportunidad y por diversas causas del desmantelamiento imprevisto de sus principales equipos.
Es cierto que esa problemática ha obligado a asumir los principales compromisos internacionales con jugadores de categorías inferiores, que todavía carecen del nivel y la maestría deportiva que exige la alta competición, pero la hecatombe del voleibol en suelo colombiano ni en ese contexto encuentra justificación.
Terminar séptimos entre las damas, con derrotas ante México, Venezuela y Trinidad y Tobago, y un set perdido ante Costa Rica, es inexplicable y doloroso para una disciplina que nos regaló tres títulos olímpicos consecutivos, tres Campeonatos Mundiales y cuatro Copas del orbe.
Ya son muchas las pruebas fallidas por esta generación de voleibolistas que demandan una renovación urgente, pues cuando parece que han tocado fondo como equipo demuestran que pueden regalarnos peores sensaciones.
El cuarto lugar del masculino también puede calificarse de desastroso, pues caer ante Colombia y México, dos selecciones inferiores en calidad y tradición, estaba fuera de cálculos; sin embargo, me atrevería a decir que en este apartado esos fracasos pudieran revertirse en torneos venideros, pues existen figuras con talento, que si se sigue trabajando con ellas deben experimentar un salto de calidad en breve tiempo.
El baloncesto nos deparó una debacle inusitada entre las mujeres y una alentadora medalla de bronce entre los hombres.
Las chicas que dirige Alberto Zabala volvieron a desencantar a la afición cubana con su derrota ante Colombia en la final. Es inadmisible que una selección armada de la noche a la mañana, sin haber ganado nunca nada en este deporte, venza de la forma que lo hizo a Cuba, que posee jugadoras con experiencia internacional y las cuales se desempeñan con buen nivel en ligas foráneas.
Los hombres al fin nos regalaron un alegrón con su metal bronceado, pero dieron la sensación que pudieron hacer mucho más tras eliminar a México en la fase de grupos y doblegar a República Dominicana en la disputa de la tercera plaza. Quizás el revés ante Colombia restó brillo a un desempeño que repito fue bueno.
El béisbol nuevamente constituyó fuente de sinsabor para nuestro país en una justa internacional pese a concluir segundo y garantizar su boleto a los Juegos Panamericanos de Lima, Perú 2019.
Mientras estuvo en la pugna por el primer lugar, el equipo cubano apenas bateó y se mostró carente de variantes para enfrentar un reto que no tenía las exigencias de otras justas internacionales. Lo paradójico fue que una vez sin opciones de conquistar el cetro comenzaron a lucir inmensos en todos los órdenes de juego, como dejando entre ver que bajo presión son más vulnerables.
Razones que invitan a estudiar a fondo las deficiencias de nuestro deporte nacional, ese del cual solo se espera la medalla de oro, aun cuando parezca que nos estemos acostumbrando a los fracasos.
Pero en suelo colombiano no todo fue malo para la comitiva de la Mayor de las Antillas, pues el hockey sobre césped ratificó su dominio en la región al ganar el título en ambos sexos; el polo acuático femenino recuperó la supremacía perdida en Veracruz 2014 y el balonmano masculino se ganó el calificativo de Dream Team, tras arroyar a sus rivales y ganar todos sus partidos por más de 10 goles de diferencia. Una muestra de que los pasos dados en este deporte en materia de contratación y la política de llamar al primer equipo a nuestros mejores exponentes en ligas extranjeras rinden buenos dividendos.
No obstante, en Barranquilla se evidenció un retroceso de Cuba en las disciplinas colectivas, el mismo que ya se vio en los contextos olímpico, mundial y panamericano. Una realidad que está relacionada directamente con la extensión y calidad de nuestros campeonatos nacionales, las condiciones de las instalaciones deportivas donde se entrena y la falta de roce internacional, entre otras problemáticas.
Convertir los reveses de la cita centrocaribeña en victorias debe ser la meta del movimiento deportivo cubano de cara a la cita panamericana del año próximo. Esperemos que para ese entonces podamos hablar de la recuperación de las disciplinas colectivas.
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