
Castillo de los Tres Reyes del Morro, en La Habana. Foto tomada de Internet.
Por la solidez de sus murallas y la perseverancia de la luz de su faro, el Castillo de los Tres Reyes del Morro constituye un símbolo de La Habana y de Cuba.
Hoy, 20 de septiembre, hace exactamente 430 años, comenzó la construcción de esa fortaleza, enclavada en un promontorio alto, rocoso, escarpado, aislado y a la orilla del mar, justo a la entrada de la bahía, muy propicio para otear el horizonte y dar temprano aviso de la aproximación de corsarios, piratas u otros enemigos.
También constituye una posición estratégica para la artillería, así como un bastión de difícil acceso para el atacante.
Fue diseñado por el famoso ingeniero italiano Juan Bautista Antonelli, para la protección de la Villa de San Cristóbal de La Habana, y edificado bajo su dirección, junto con expertos llegados expresamente de España: un aparejador de cantería, oficiales canteros, albañiles, carpinteros, un cubero y un fundidor de metal.
La construcción se demoró varias décadas, por la escasez, inconstancia y heterogeneidad de la fuerza de trabajo, compuesta por esclavos, reos condenados a trabajo forzado y algunos jornaleros, además de la inestable asignación y la mala administración de los presupuestos, entre otras causas.
De hecho, los historiadores no se ponen de acuerdo en la fecha de terminación, entre 1630 y 1640.
Hasta la construcción de La Cabaña, a finales del siglo XVIII, El Morro fue la más importante defensa de la ciudad y de las flotas cargadas de oro, plata, piedras preciosas y otras riquezas que se reunían en la bahía, antes de zarpar para España.
Tras la destrucción causada por los invasores ingleses, en 1762, el castillo fue sometido a importantes modificaciones y ampliaciones.
En 1763, los ingenieros militares Silvestre Abarca y Agustín Crame dirigieron la reconstrucción de la fortaleza, aumentaron la altura y el espesor de los baluartes, las plataformas y los parapetos.
Agregaron dos baluartes, un foso, un camino cubierto, aljibes, cuarteles, calabozos y almacenes, ajustándose a las irregulares del terreno.
En el nivel inferior y por la parte que da a la bahía, situaron las baterías de Los Doce Apóstoles y La Pastora.
En ese entonces igualmente fue edificada una nueva versión del faro.
La linterna era alimentada con leña hasta el siglo XVII; con gas, a principios del siglo XIX, y, más adelante, con aceite.
En 1945, fue electrificada y su luz alcanza hasta 18 millas, dando orientación y bienvenida a los navegantes.
La fortaleza fue restaurada a finales del siglo pasado y ahora alberga galerías de arte, escenarios para presentaciones artísticas y otros atractivos para el turismo.
Cuando los habaneros queremos enfatizar que algo es muy antiguo, solemos decir: “eso es más viejo que El Morro”, o “eso es de cuando El Morro era de palo y se alumbraba con velas”.
