El corazón nocturno de La Habana (+ fotos)

la-rampa-1El cine teatro Yara y el edificio del ICRT, antes Radiocentro

¿Cuántos habaneros podrían decir que no han caminado nunca por la Rampa? Estoy seguro que, aparte de los niños de brazos, muy pocos. Ese tramo de la calle 23 que se extiende desde el mismísimo Malecón hasta la calle L es el corazón palpitante de nuestra urbe, porque a lo largo su medio kilómetro de extensión se desarrolla infinitud de eventos que atraen la atención de los cubanos y también de muchos residentes allende los mares.

La Rampa bulle de actividad día y noche. Centros culturales y recreativos, desde la emblemática heladería Coppelia hasta la cafetería cubanita.Cu de Infanta y 23, brindan un mundo inquietante y luminoso a quienes se aventuran por su empinada cuesta.

A lo largo de esa calle se ubican también importantes centros comerciales, empresas, agencias de viaje y de compañías aéreas y hasta cuatro ministerios.

El edificio central del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), las salas de cine y teatro Yara y Rampa, el recinto expositivo Pabellón Cuba, donde se desarrollan importantes eventos culturales y se hospeda la sede nacional de la Asociación Hermanos Saíz; el Centro de Prensa Internacional; el Hotel Habana Libre, emblemáticos restaurantes como El Mandarín y el Polinesio y varios clubes, marcan la importancia cultural y recreativa de ese sector de La Habana, sin contar otros que se ubican en su cercanía como el Hotel Nacional de Cuba, insignia de la hotelería cubana.

De acuerdo con el investigador Ciro Bianchi, el dueño de los terrenos que bordeaban el camino que luego se convertiría en populosa arteria, se llamaba Bartolomé Arlet, quien construyó su vivienda en un área cercana a lo que es hoy el edificio del ICRT. Cuando murió, a principios de la década de los 40 del siglo XX, dejó como heredera a una sobrina, pero una cláusula del testamento impedía que ésta pudiera disponer de los terrenos, nada menos que hasta 1975.

Una triquiñuela jurídica, apoyada por el Coronel Eleuterio Pedraza, segundo hombre fuerte del gobierno de Fulgencio Batista, anuló tal condición y la muchacha se hizo rica de la noche a la mañana.

Relata Bianchi que un italiano, mafioso y fascista, fue uno de los primeros en comprar un terreno en el que edificó una agencia de autos, en realidad una cobertura para uno de sus negocios ilegales en La Habana.

Pero fue Goar Mestre, el todopoderoso magnate de la radio y la televisión cubana, quien dio un impulso decisivo al desarrollo del área al construir allí el edificio que albergó al Radiocentro, lo que es hoy el ICRT. Desde allí salió al aire la primera trasmisión de la televisión comercial en la isla.

Como usted puede ver, estimado lector, los orígenes de La Rampa chapotean en el lodo oscuro de la corrupción, cosa bastante común en aquellos tiempos turbulentos que se fueron a bolina en enero de 1959.

Ahora La Rampa es un lugar para ir a pasear y hacer vida social, ver una buena película, degustar un sabroso helado o tomarse algún coctel en la semioscuridad de un club, al arrullo de la buena música. O disfrutar de una buena exposición o una feria en el Pabellón Cuba y después usted puede irse rampa abajo y sentarse en el muro del Malecón para que le acaricie el aire fresco que llega del Caribe.

Si usted es de los poquísimos residentes de capital que aún no ha caminado por este emblemático pedazo de calle, aparte claro está, de los niños de meses, no pierda la ocasión de hacerlo, preferiblemente en el horario que la brisa marina refresca el ambiente y las luces de los semáforos hacen guiños traviesos a los espíritus nocturnos de la ciudad más cosmopolita de Cuba.
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Esquina de calle 23 y calle N, mirando hacia el Malecón
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El Pabellón Cuba, importante recinto de exposiciones y ferias

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