Ave Fénix… Coppelia

Un grupo de clientes opina sobre el servicio en Coppelia, al centro la joven dependienta Jannet Pérez Pérez

Un grupo de clientes opina sobre el servicio en Coppelia, al centro la joven dependienta Jannet Pérez Pérez

Cámara al hombro caminaba este martes, primero de abril de 2014, por las áreas de Coppelia, cuando se me acercó un joven: “¿Usted es periodista?” Me sorprendió un poco y al responderle afirmativamente me dijo señalando para un pequeño grupo de personas: “Queremos dar una opinión sobre el servicio”.

Enseguida barrunté una queja, pues en los últimos años la emblemática heladería habanera sufrió una seria depresión debida, principalmente, a malas actitudes de sus trabajadores. Así pues dispuse de mi grabadora y me acerqué al grupo.

¿De qué se trata? pregunté. Habló primero una mujer de mediana edad que sostenía de la mano a una niña: “Me llamo Regla Molina”, ¿Es cliente habitual de Coppelia? “Yo, sí… ella lo sabe” y al decir esto señaló a una joven, ataviada con el uniforme del establecimiento, que se encontraba próxima. “Queremos dar nuestra opinión acerca de ella, porque es la muy buena dependienta, tiene mucha paciencia para trabajar con el público, nunca pierde la cordura, para mi entender es la mejor trabajadora de aquí”. La clienta agradecida se refería de la joven Jannet Pérez Pérez.

Pero… y el trato del resto de los empleados ¿cómo es? “Todos los que nos han atendido hasta ahora nos han tratado muy bien. ¿Qué opinión tiene del servicio en otros aspectos? “Hay dificultades con el helado, no existe mucha variedad de sabores, pero los trabajadores tratan de dar la mejor oferta dentro de esas posibilidades y procuran que el público se sienta bien”.

Hace un tiempo, en casi todas las heladerías de La Habana, los dependientes se hicieron expertos en hacer huecas las bolas de helado y Coppelia no era la excepción. ¿En los últimos tiempos ha detectado usted ese problema? “No”. En este punto el resto del grupo familiar afirma y alguien más interviene “Las bolas tienen buen tamaño y están bien despachadas”.

En este punto me dirijo a la joven dependienta. Usted es muy joven todavía ¿Qué tiempo lleva trabajando aquí? “Casi dos años”. Antes ¿qué hacía? “Estudiaba gastronomía. De hecho todavía estoy en período de adiestramiento” ¿Trata bien al público por sentido del deber o solo porque es su personalidad? “Son las dos cosas. Trabajo aquí porque me gusta esta profesión y creo que el buen trato es parte de los atributos que debe tener una persona que brinda servicio”.

Fui entonces a la oficina de la administración donde abordé Vergelino Pelegrín, director de Coppelia: “Verdaderamente tenemos problemas con la variedad y proporción de sabores en los helados que nos envía la fábrica. Pues se sabe, por ejemplo, que el chocolate es el sabor líder y no siempre nos suministran la cantidad necesaria para satisfacer la demanda diaria”. ¿Qué cantidad de clientes atiende diariamente este centro? “Alrededor de 12 mil y los fines de semana hasta 15 mil”.

¿Cómo ha logrado mejorar el servicio en los meses que lleva dirigiendo el establecimiento? “Fundamentalmente logrando la unidad de los trabajadores, conversando con ellos, haciéndoles comprender que su función es servir y hacerlo bien. En ese empeño tengo el apoyo del resto de los dirigentes administrativos y de las organizaciones gremiales y políticas”. ¿Satisfecho? “No, siempre queda algo por mejorar. Ahora, por ejemplo, estamos tratando de pintar el establecimiento”.

Cierto es que persisten dificultades, debidas principalmente al suministro de materias primas para la elaboración del helado que se oferta en la mayor heladería de la capital cubana, proveniente de una fábrica única que integra un sistema cerrado con ella.

Tampoco vendría mal un poco de mantenimiento a las edificaciones. Pero el Coppelia de hoy dista mucho del de hace un par de años atrás. Se aprecia higiene en todas las áreas, buena apariencia y amabilidad en los empleados, tranquilidad y organización en las filas que hace el público para acceder a las áreas de venta y, en general, un ambiente acogedor.

La recuperación que aprecié en mi visita de este martes no deja de plantear interrogantes y reflexiones: ¿Se mantendrá el nivel actual del servicio? ¿Mejorará? ¿Recuperará la heladería su antiguo surtido que alcanzaba hasta 25 sabores? Creo que sí, que puede ser, sobre todo si en la fábrica ponen a funcionar la iniciativa creadora para recuperar la variedad y crear quizás nuevos sabores que sustituyan algunos, imposibles de producir por falta de materias primas. Pero la emblemática heladería Coppelia, de La Habana, parece renacer como un ave Fénix que no ardió, sino que más bien, se congeló.

Coppelia, Se respira un aire de limpieza, tranquilidad y amabilidad

Se respira un aire de limpieza, tranquilidad y amabilidad

 

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