
Entrada a Ciudad Escolar Libertad, en el municipio Marianao. Foto: Internet.
Si hay un sitio en Cuba que conserva de manera tangible una buena parte de los hechos vinculados con la Revolución y otros sucesos que la precedieron, esa es Ciudad Escolar Libertad, en La Habana.
Su tránsito por la memoria histórica de los habitantes del municipio Marianao comienza con el establecimiento en el área, a principios del pasado siglo, del ejército estadounidense de ocupación.
En este lugar se instalan los marines yanquis procedentes de la demarcación de Columbia, nombre con el que se le llamó desde entonces a la naciente ciudad militar.
Allí establecieron sus primeras construcciones, hasta que con el tránsito por el enclave de dictadores como Gerardo Machado y Fulgencio Batista, Columbia se fue levantando arquitectónicamente en la medida en que se robustecía el poderío militar.
Entonces la frase “Quien tenga a Columbia tendrá a Cuba”, que animaba los golpes de estado protagonizados por el tirano Batista, se hace realidad el 10 de marzo de 1952, cuando se establece como su dueño y señor.
Pero la aurora de enero de 1959 cambió de forma rotunda el curso de la historia en el hasta entonces tristemente célebre recinto.
Los muros caen

Entrada de Fidel Castro a La Habana en 1959. Foto: Periódico Escambray.
Cuenta la historia que con el derribo de los muros por el comandante Camilo Cienfuegos, ese enclave ingresa en una nueva etapa de su historia, pues al simbólico gesto prosiguió la entrada triunfal, el 8 de enero de 1959, de Fidel Castro y la Caravana de la Libertad al último reducto militar de la dictadura batistiana.
A partir de ese momento, el perímetro prohibido para tantos marianenses se llenó de un mar de pueblo que venía a saludar y a agradecer al Comandante en Jefe y a sus barbudos.
Además, con este hecho nació la promesa del líder cubano de convertir en escuelas cada uno de los cuarteles de la tiranía. Ya no hacía falta armas para reprimir, sino maestros para enseñar, pues solo los conocimientos harían a este pueblo para siempre libre y Fidel lo sabía.
Unos meses después, el 14 de septiembre de 1959, al entregarle oficialmente la otrora fortaleza militar a Armando Hart Dávalos, entonces ministro de Educación, Fidel Castro anuncia una profecía, cuando dice que desde este mismo lugar saldrían multitudes de jóvenes a llevar la luz del saber por todo el mundo.
El 31 de diciembre de 1960 tuvo lugar allí la cena gigante del Comandante en Jefe con unos 10 mil jóvenes que partirían a la cita con el futuro, como parte de la Campaña Nacional de Alfabetización.
Cuentan que el líder de la mayor de las Antillas habló y que el silencio fue solemne. La meta era erradicar el analfabetismo en tan solo un año. Entonces el puesto de mando se montó en El Castillito, en el mismo inmueble donde otrora residía el tirano.
Las profecías comienzan a cumplirse

Fidel Castro, artífice de la Camaña de Alfabetización, tuvo siempre clara la necesidad de elevar la cultura del pueblo como herramienta para la defensa de la Revolución. Diseño: Gilberto González García.
Doce meses después Cuba era declarada territorio libre de analfabetismo. Eufóricos, los jóvenes brigadistas coreaban “Fidel, Fidel: dinos que otra cosa tenemos que hacer”. “Estudiar, estudiar y estudiar”, contestaba él.
Todo el testimonio documental de la epopeya se conserva desde entonces en Ciudad Escolar Libertad, específicamente en el Museo Nacional de la Alfabetización.
La obra educacional cubana siguió germinando y el primer cuartel entregado para escuela se convirtió en el mayor proyecto pedagógico del país, un lugar que al decir de Ramón Cuétara, historiador de este sitio, un niño podía entrar en la primera infancia y salir a la vuelta de unos años con un título de licenciado en Educación debajo del brazo.
Fue en Ciudad Escolar Libertad donde se levantaron varias de las primeras escuelas especiales construidas en la Isla.
El primero que pensó en la educación inclusiva fue Fidel Castro y todos lo recuerdan celebrando uno de sus cumpleaños junto a los niños ciegos y débiles visuales del primer centro especial construido por la Revolución en La Habana, la escuela Abel Santamaría.
Luego se inauguró la Dora Alonso, para escolares con Autismo y Walí Mustafá, así como para menores con trastornos de conducta.
Son muchos los momentos que recuerdan su presencia en esta institución, un lugar al que amaba mucho, quizás porque es un símbolo de todo lo que se ha hecho en Cuba en la esfera del desarrollo educacional.
Por eso, se le recuerda también en la tribuna abierta que se realizó en el contexto de las celebraciones por el Día del Educador y del aniversario número 40 de la Campaña de Alfabetización, exaltando la dignidad de los Cinco Héroes, de quienes dijo “volverán” y volvieron.
Pero la vida continúa y en ese paradisiaco enclave marianense todavía crecen los almendros. La profecía se sigue cumpliendo y desde allí muchos son los profesores que, tras una preparación previa acerca del método Yo sí puedo, ideado por la profesional Leonela Relly, de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, llevan la luz del saber a decenas de miles de marginados en el mundo.
