
(Foto: energiaysalud.org)
El agua es un recurso natural de vital importancia para el desarrollo de la vida en el planeta Tierra, de ahí el imperativo de su cuidado y ahorro en estos tiempos de escasez.
Durante el 2017 Cuba se vio seriamente afectada por la falta de precipitaciones y, por ende, los niveles de acumulados en sus embalses estuvieron por debajo de la media histórica.
Aunque el paso del huracán Irma menguó un poco las consecuencias del fenómeno en La Habana, hay que estar conscientes de que un importante volumen de este recurso natural se pierde a través de las conductoras, las redes de distribución en los hogares y qué decir de los canales agrícolas.
Según declaraciones de Abel Salas, vicepresidente primero del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), el 45 por ciento del líquido bombeado se escapa por estas vías. Sin dudas, es esta una llamada de alerta para que los organismos responsables continúen adoptando medidas consecuentes, más allá de la reducción de los horarios de servicio a la población.
Asimismo, es imprescindible que las entidades involucradas sean más ágiles en su quehacer, pues en la capital cubana aún existen verdaderos ríos que no desembocan en el mar, pero sí dificultan el andar cotidiano y afectan el estado del pavimento.
Y a pesar de que en los últimos tiempos se evidencia un comportamiento favorable de las precipitaciones en la ciudad y de manera general en el país, aún no es suficiente para olvidar las consecuencias de la sequía y del cambio climático.
Urge entonces tomar conciencia del uso racional del agua, porque en la urbe es indispensable.
