Emilio Roig, el novio de La Habana

Emilio Roig dedicó su vida a preservar el patrimonio material y espiritual de la capital cubana. Foto: LaHabana.com

La Habana es, sin duda, las provincias más visitada de la Isla. Las edificaciones antiguas y de gran relevancia histórica atraen, seducen. Eso lo tuvo claro siempre Emilio Roig de Leuchsenring, quien fuera historiador de la ciudad y uno de sus novios predilectos.

Nacido el 23 de agosto de 1889, este intelectual mimó a la capital y la convirtió en una de los principales motivos de sus desvelos.

Desde muy joven, Roig integró varios grupos y organizaciones revolucionarias, siempre comprometido con las causas justas y democráticas en una nación en la cual la soberanía era realmente “una broma de mal gusto” en los años de la República Neocolonial.

Roig fue siempre un enamorado de La Habana. Entre sus ideas destacan la  creación de una comisión de monumentos, edificios y lugares históricos y la propuesta de fundar un museo de la ciudad.

Además, desde muy joven realizó varios trabajos investigativos publicados en distintas revistas cubanas y extranjeras.

Pero su mayor aporte a la cultura y sociedad habanera sobrevino cuando asumió como Historiador de la Ciudad, etapa en la que aumenta su producción investigativa, con presencia habitual en compilaciones, libros, gacetillas, anuarios y otros formatos.

De igual modo, a Roig se le reconoce por ser el impulsor de la primera edición cubana de La Edad de Oro (1932), texto precedido por su estudio Martí y los niños.

A partir de 1935 comenzó a publicar  obras de distribución gratuita sobre temas históricos diversos, entre ellas Cuadernos de historia habanera, que aparecen ininterrumpidamente hasta 1962.

Emilio Roig fue un hombre tempestuoso y volcánico, que no paró de aportar a la cultura cubana, consciente de su rol como intelectual e investigador.

Más de un siglo ha trascurrido desde que vino al mundo este defensor del patrimonio, historiador, etnólogo, periodista y pedagogo por excelencia. El 23 de agosto de 1889 nació un eterno soñador, a quien pudiéramos bautizar como uno de los novios más fieles de la Habana.

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