
Alberto Pagés, fotógrafo de cajón de La Habana. Fotos: Mildred O´Bourke Rodríguez
Los turistas miran incrédulos hacia ese artefacto hermetizado con cintas adhesivas. El sujeto les invita en un inglés “chapurreado” a que se lleven una foto de recuerdo de su estancia en La Habana y no se lo creen.
Y si no fuera porque los naturales sabemos de qué se trata, tampoco lo haríamos.
Quiero llamar la atención sobre este hecho: los fotógrafos de cajón o minutero han sido parte inseparable del paisaje humano y cultural de esta urbe. Pero se extinguen, desaniman, perecen… Y es triste.
En la historia gráfica de la capital cubana, las personas provenientes de otras provincias del país cuando visitaban el territorio posaban frente al Capitolio ante cualquiera de estos artistas para dejar constancia de ello.
Pese a ello, los fotógrafos de cajón son actualmente una rara presencia, sin que nadie preste atención a ese valor agregado de lo que es nuestra identidad, memoria, diversidad y vida en general. La ciudad no debiera permitir que se perdiera un oficio que también conforma su titulación de Maravilla.
Alberto Pagés, residente en el municipio de Marianao, lleva 30 años en el oficio, y se siente enamorado de un trabajo que le da poco monetariamente, pero mucha satisfacción.
Trabaja por los alrededores del Parque Central, bajo licencia de la Oficina del Historiador de la Ciudad y comparte amistosamente con otros dos colegas: “Porque lo poco, hace falta compartirlo”. En su opinión, al menos en La Habana no deben quedar ni cinco de estos artistas callejeros”.
¿Será tan difícil ayudar a estos empeñados más cercanos a la era de los Lumiéres que a la digital; encontrar soluciones viables para que puedan no solo continuar con esta linda labor, sino incluso incentivar a otros a hacerlo?
Con esfuerzos aunados puede lograrse. Invito a quienes duden a que un día cualquiera se lleguen a este sitio y miren los rostros de aquellos turistas que se han arriesgado a creer que “esa cosa” pueda fotografiarlos. La cara de sorpresa y admiración es un mensaje que no debiéramos desconocer.
No serán las mejores fotos del mundo, pero el fotógrafo de cajón tiene un sello de cubanía inigualable. Son una extensión del paisaje citadino. Preservemos el oficio.

Su área de trabajo es en el Parque Central.


