Isla del Coco: el parque que necesita La Habana

Niños a la entrada del parque Isla del Coco, en La Habana. Fotos: Mildred O´Bourke Rodríguez

Niños a la entrada del parque Isla del Coco, en La Habana. Fotos: Mildred O´Bourke Rodríguez

El parque Isla del Coco, en La Habana, fue concebido como un lugar de esparcimiento para las diversas edades; y todo parecía indicar que así sería, hasta que los equipos de colores y diseños hermosos empezaron a presentar roturas y se pararon, algunos de ellos para siempre.

La historia, los por qué y otras razones de ese hecho ya no vienen al caso. Lo actual es que el Gobierno de La Habana y Recreatur, entidad matriz de la unidad empresarial que administra este centro, se han esforzado en los últimos tiempos por devolverle algunos destellos de su antiguo esplendor.

Sobre ello conversé con Ángel Luis Santana, casi estrenado como nuevo director de esta área, un joven dispuesto a que los avances posibles no esperen.

En el momento de la entrevista funcionaban equipos que habían sido arreglados como Las tazas, El carrusel, El avión del amor, Los elefantes, El dragón, dos parquecitos para juegos, entre otros.

Además, existen algunos que son propiedad de un grupo de trabajadores por cuenta propia, quienes resultan un apreciable apoyo, ya que añaden a las ofertas pequeñas piscinas para botecitos, inflables y motos eléctricas de pequeño porte, servicios fotográficos y venta de regalos.

Otros esperaban por reparación capital, como La casa de pelota. Informalmente conocí que al parecer La montaña rusa, costosa en sí, no parece tener solución y que el Barco pirata está en iguales condiciones, mientras se esperaba la llegada de un nuevo Luchador valiente.

La Isla del Coco es apenas un área recreativa para menores; pero parece un imponderable que se le otorgue un área más extensa, para expandir sus propuestas e instalar otras tecnologías apropiadas a los intereses de los jóvenes y adultos, incluyendo la posibilidad de Wifi, lo que la transformaría en un verdadero parque temático.

Las condiciones son idóneas para ello: su ubicación lo relaciona con lo que siempre fue el Parque de los capitalinos, el antiguo Coney Island; es asequible en cuanto al transporte público o privado; tiene parqueos, playa, una red de cafeterías, heladerías y restaurantes propios y alrededor también tiendas, clubes y restaurantes. Cerca está la carpa del Circo Nacional de Cuba, un valor agregado en ambos sentidos.

Aprovechar cada una de esas posibilidades e incluso potenciarlas, sería muy beneficioso para La Habana. Hay que ponerle imaginación y valorar cómo rescatar antiguas formas de diversión y competencias que se lograrían con bajas inversiones.

El parque felizmente cambia. Se dan pasos y logran algunas condiciones que antes no existían. Por ejemplo, el club La Concha pasó a ser administrado por esta entidad y con algunos recursos y algo de promoción podría dar un uso mejor a sus espacios para el disfrute: dos parrilladas y una pizzería, además de salones y playa.

Ángel Luis Santana, director del centro recreativo.

Ángel Luis Santana, director del centro recreativo.

“Ya se alquilan espacios para fiestas y 100 taquillas fueron remozadas, comenta Santana, pero la inversión tendrá una segunda etapa, de cara al verano del año entrante, entre ellos un área de ocio con billar, cine en 3D y otras”.

Indudablemente los suministros gastronómicos tensan constantemente a la administración de la Isla del Coco, pues se sabe que a precios diferenciados se ofertan a los menores módulos con dulces y confituras. Las últimas han escaseado, pero el directivo entiende que ha habido cierta estabilidad en general.

Otras empresas de alimentos suministran, en lo posible, a las necesidades diarias. Y tal vez enfocándose un poco más en el potencial productivo de la capital cubana, podrían enriquecerse.

Algo que en mi opinión debiera ser reconsiderado es el horario de atención a los visitantes: de miércoles a domingo, desde las 10:00 hasta las 18:00 hora de Cuba.

Su extensión hasta la noche, cuando se den las condiciones, podría propiciar que los jóvenes acogieran el lugar como propio y reunirse allí para disfrutar de manera sana.

Acompaña esta reflexión el hecho de que el parque posee pocos espacios para cubrirse de los rayos solares, cada vez más dañinos. Luego del azote del huracán Irma, este hecho se ha agravado, pues la naturaleza sufrió bastante. No es lo mismo, cuando se aprovecha la tarde-noche, con la ayuda también de una buena brisa marina.

Más allá de lo que ya parece posible, el directivo nos habla de tener en el futuro una pista de patinaje, contar con la conocida Casa de los espejos o incentivar juegos de participación que no requieren muchos recursos. Se sueña, que es el primer paso.

Otras cosas llevan recursos financieros que deben ser empleados en programas vitales del Estado cubano. Sin embargo, con uno de recuperación en marcha, no debe detenerse lo que se ha proyectado. La vida espiritual y la recreación son componentes imprescindibles en la calidad de vida de la sociedad.

Al transitar por la Quinta Avenida, entre 112 y 116, en el municipio de Playa, siempre pienso que el parque Isla del Coco debiera ser el que identificara a esta Ciudad Maravilla, donde lo que parece imposible se hace realidad.

La Isla del Coco es un sitio de sano esparcimiento tanto para niños como para adultos.

La Isla del Coco es un sitio de sano esparcimiento tanto para niños como para adultos.

Las tazas, uno de los equipos del parque recién remozados.

Las tazas, uno de los equipos del parque recién remozados.

El parque cuenta, además, con ofertas de pequeñas piscinas para botecitos, por parte de los trabajadores por cuenta propia.

El parque cuenta, además, con ofertas de pequeñas piscinas para botecitos, por parte de los trabajadores por cuenta propia.

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