La Fragua Martiana guarda reliquias pertenecientes a José Martí

Museo Fragua Matiana. Foto: Omara García Mederos/Radio Rebelde

Museo Fragua Matiana. Foto: Omara García Mederos/Radio Rebelde

El 28 de enero de 1952, en el aniversario 99 del natalicio de José Martí, se inauguró en acto oficial de carácter nacional el Museo-Escuela Fragua Martiana.

Ubicado en la intersección de las calles Hospital y Vapor, en el municipio de Centro Habana, la institución está adscrita a la Universidad de La Habana y fue declarada Monumento Nacional en 1996.

Sitio que inspira respeto y solemnidad, hasta el último de sus rincones recuerdan al Héroe Nacional de Cuba; es allí donde los niños inician el camino de amor a la patria.

Materializa en la acción cotidiana, su labor de extensión universitaria, y  su aporte permanente a la sedimentación de valores patrióticos y morales en las nuevas generaciones. Este es un lugar especial que guarda parte de la historia de la nación, además de que constituye un sitio sagrado que rinde homenaje perpetuo al Apóstol.

La instalación se alza en el sitio a donde el régimen colonial enviaba a los cubanos acusados de infidencia: las canteras de San Lázaro, de las que aún hoy se conserva una parte; ese es el lugar donde Martí sufrió trabajos forzados, atenazado por un grillete al que estaban sujetas gruesas cadenas.

Testigo de toda la crueldad posible, le visten con el infame traje de presidiario número 113; siendo un adolescente de apenas 17 años de edad, vive en carne propia la injusticia de un régimen oprobioso.

En las salas del museo se guardan con celo valiosas reliquias del Héroe Nacional, como son el escritorio usado en Tampa, su revólver, la almohadilla de olor perteneciente a la niña de Guatemala, María García-Granados y Savorio, así como documentos, entre éstos, un ejemplar del periódico Patria.

Para rescatar y preservar esa historia nace la Fragua Martiana, cuya creación se remonta al año 1938, cuando un grupo de martianos, encabezados por Gonzalo de Quesada y Miranda, hicieron un llamado a la nación para conservar parte de las canteras de San Lázaro y convertirla en un lugar sagrado para venerar al Apóstol de la independencia antillana.

En 1953, la Generación del Centenario, encabezada por Fidel Castro, protagoniza por primera vez la Marcha de las Antorchas, con lo cual se sella el compromiso de liberación de la patria.

El hecho, devenido tradición patriótica para los jóvenes de la nación caribeña, se realiza cada año con un recorrido en el que participan, cercano a la medianoche del  27 de enero, decenas de estudiantes; comienza en la también histórica escalinata de la Universidad de La Habana, por toda la calle San Lázaro hasta la Fragua.

Museo, centro comunitario y tribuna, la Fragua Martiana es constantemente visitada por alumnos provenientes de escuelas que la rodean, y otras personas de la capital cubana, así como de otras provincias y el exterior del país.

Constituye el escenario perfecto para formar valores en las nuevas generaciones e iniciar el camino de amor hacia el hombre especial que fue José Martí, el más universal de los cubanos.

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