
La Habana, una ciudad que enamora a sus 500 años. Foto: Nuria Aguilera Zayas/Radio COCO.
Cuando de regulaciones urbanísticas se trata hay mucha tela para cortar, por eso este viernes me quiero detener en el trabajo conjunto desplegado por la Oficina del Historiador de La Habana y la Dirección Provincial de Planificación Física en la ciudad.
Responsabilizadas con la salvaguarda no sólo del casco histórico, sino también del resto de las cinco veces centenaria villa, ambas entidades están inmersas en la materialización de las restricciones urbanísticas en beneficio de la preservación del patrimonio construido de la capital cubana.
Todo empezó en la década del 60, cuando al triunfar la Revolución varios habaneros ilustres comenzaron a preocuparse por frenar el deterioro en el que se encontraba sumida la parte más antigua de la ciudad: La Habana Vieja y su sitio histórico, con su doble personalidad de urbe antigua y moderna que enamorara a Emilio Roig de Leuchsenring.
Fue la aprobación del Decreto Ley 143 el marco legal propicio para materializar la voluntad del Estado cubano de preservar para la posteridad el patrimonio material y espiritual de la demarcación, devenida símbolo del maridaje entre la tradición y la modernidad.
A partir de la aplicación de las primeras regulaciones y ordenanzas el mágico emporio citadino se ha venido recuperando como núcleo arquitectónico variopinto, donde concurren diversos estilos constructivos alegóricos a las diferentes épocas atesoradas en sus grandes fortificaciones, parques, plazas, calles y residencias.
Tras arduas labores de rescate emprendidas por la Oficina del Historiador y su Plan Maestro para la restauración de la ciudad, los capitalinos en general, y entre ellos los de intramuros, hemos sido testigos del retorno a los años mozos de varios sitios emblemáticos de la urbe.
Entre ellos se encuentran los recintos religiosos de la Catedral de La Habana y el Convento de San Francisco de Asís, el teatro Martí -joya de la cultura habanera colonial- y de las concurridas calles de O´Reilly y Obispo, y más recientemente de la majestuosa edificación que acuna al Capitolio Nacional de Cuba.
Enaltecida con la condición de Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), la también reconocida como Ciudad Maravilla continúa resguardada en la actualidad por las restricciones urbanísticas de las autoridades de Planificación Física, en relación con las acciones constructivas, el uso de señalética y del suelo en lugares altamente protegidos para el desarrollo turístico y las operaciones portuarias.
La conservación del trazado urbanístico de las manzanas y viales, el adecuado cambio de uso de sus edificaciones, junto al correcto aprovechamiento de los espacios públicos con la creación de parques y áreas de estar refrescados con árboles y fuentes ornamentales, son otras acciones desarrolladas por la Oficina del Historiador que acompañan las labores de recuperación del legendario perímetro urbano.
Otras regulaciones urbanísticas tienen que ver con el accionar del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) y el Grupo de Desarrollo Integral de la Capital en beneficio del ecosistema marino y de las poblaciones asentadas en las proximidades del malecón tradicional, lo que junto a la protección de la cuenca tributaria de la bahía, mejoran la transparencia de su espejo de agua, a la vez que tributan a la seguridad y bienestar de su gente.
