
Microbuses al servicio del transporte urbano en La Habana. (Foto: Excelencias del Motor)
Para nadie es un secreto la mejoría que representa para el transporte público en La Habana, la incorporación de una vasta flota de autos ruteros que como abejas laboriosas se trasladan de un lado a otro de la ciudad. ¿Pero cuánto se cuida la calidad de ese servicio?
Siguiendo destinos predeterminados, en diferentes formatos, los taxis ruteros transportan miles de habaneros cada día, por un precio protegido de cinco pesos en moneda nacional, en dependencia del tipo de transporte y del kilometraje a recorrer.
La brevedad de la espera en los puntos de partida, la climatización del vehículo, así como el buen trato y la adecuada elección de la música en los medios audiovisuales, son valores que de forma general caracterizan el servicio, razón por la cual cuenta con la preferencia de una buena parte de los habitantes de la capital cubana.
Digo generalmente, porque no siempre sucede de este modo, actitudes demasiado ambiciosas de algunos choferes amenazan con dar al traste con los atributos de estas prestaciones, pensadas para abreviar el viaje y garantizar un trayecto más agradable hacia un amplio espectro de destinos en el perímetro urbano.
La transportación de pasajeros de pie, las irregularidades de afluencias de carros en los puntos denominados “cabecera de recorridos”, junto al mal estado de los asientos en determinados vehículos, son algunas de las deficiencias que estamos a tiempo de atajar, antes de que se pierda la exclusividad y comprometa la calidad del servicio que tienen hoy los taxis ruteros en La Habana.
De continuar estas actitudes se limitará el periodo de vida de estos equipos, que no son de uso personal, sino están disponibles para el servicio a toda la población.

