El gran intelectual argentino Julio Cortázar escribió en octubre de 1967, al conocer la noticia sobre la muerte del Che. “Yo tuve un hermano, no nos vimos nunca pero no importaba (…) No nos vimos nunca pero no importaba, mi hermano despierto mientras yo dormía, mi hermano mostrándome detrás de la noche su estrella elegida.”
Y tal como Cortazar lo expresaban también intelectuales de la talla de Nicolás Guillén, Pablo Neruda, Alejo Carpentier, Roque Dalton, Mario Benedetti , entre los más prestigiosos intelectuales de la izquierda latinoamericana, pero la caída en combate de este paradigmático guerrillero sobrecogió a las “ mentes más brillantes de estos tiempos, desde las más disímiles ideologías o credos políticos o filosóficos “ como escribiera el poeta Alex Pausides en sus palabras al lector para la antología CIEN POEMAS AL CHE que publicara la colección Sur Editores del Festival Internacional de Poesía de la Habana en ocasión del 45 aniversario de su caída en combate.
Lo cierto es que al imperio le falló la estrategia, extendió su brazo y ordenó su muerte, había que hacer desaparecer su ejemplo, ¡Pero qué equivocados estaban!.
46 años han transcurrido desde entonces y su presencia se agiganta cada día, para convertirse en uno de los grandes mitos de la historia moderna universal, pero crece no sólo en las lecciones de historia, sino como el alma de los pueblos, esa que es inmortal y por eso lo vemos convertido en canción, en poema, en el San Ernesto de los desposeídos y en paradigma e inspiración de los jóvenes progresistas en cualquier parte del mundo.
José Lezama Lima, uno de los grandes poetas cubanos escribió al conocer la noticia de su muerte “de él se esperaban todas las saetas de la posibilidad y ahora se esperan todos los prodigios de la ensoñación”.
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