Ecofeminismo, corriente de pensamiento transgresora (II Parte y Final)

Cualquier aproximación al ecofeminismo debe partir de considerarlo una corriente de pensamiento no homogénea. Foto: https://ecopolitica.org

La primera parte de este artículo concluía con una máxima del ecofeminismo, que si bien ha sido más empleada en España, también ha acompañado procesos alrededor del mundo: “Lo que no es bueno para la naturaleza no es bueno para nosotras”, aseguran.

Es obvio que el postulado anterior es muy amplio, tanto como las agendas políticas y sociales de esta corriente de pensamiento. No obstante, en un intento por sistematizar algunas de sus principales aportes, podrían mencionarse algunas ideas que resultan convincentes[i].

Por una parte, se denuncia el androcentrismo de la ciencia y de la historia, visibilizando las contribuciones de las mujeres para el desarrollo de las sociedades; y se constata que la exclusión de las mujeres del conocimiento formal y de los espacios de legitimación del orden social se ha dado paralelamente al desprecio a conocimientos holistícos, que veían a la humanidad como parte del medio natural, en igualdad de condiciones con otros seres.

Además, se denuncia que esta postura reduccionista de la ciencia y de la tecnología ha tenido como consecuencia su uso irresponsable, poniendo en riesgo no sólo la salud humana, sino también su propia supervivencia en el planeta.

También enfatizan en la similitud entre el no reconocimiento de las actividades reproductivas de las mujeres y la explotación irresponsable de los llamados “recursos naturales”.

Y como uno de los postulados más importantes, se muestra que para cambiar esta situación desde una perspectiva feminista, es necesario un cambio de actitud de la humanidad, a través de una mirada afectiva del mundo, de modo que los seres humanos entiendan el imperativo ético de cuidar al resto del mundo.

Oportunidades y trampas

Diversos criterios coinciden en que la mayor proximidad de las mujeres con la naturaleza abre oportunidades ilimitadas para iniciar un cambio en la manera en que gestionamos la vida en las sociedades contemporáneas.

Para la especialista cubana Betty Hernández[ii], la afirmación anterior no solo está relacionada con el hecho de que ellas tienen las mayores responsabilidades en la economía familiar, sino “porque debido a su mayor grado de interacción con el medio ambiente, piensan de forma holística frente a una visión segmentaria, parcial y secuencial de la realidad tal y como afirma la vertiente más espiritualista del ecofeminismo”.

De ello se desprende que el necesario reconocimiento de las experiencias de las mujeres debe acompañarse de una transformación de la economía y el trabajo, de lo contrario se reafirmaría la tradicional división del trabajo y sus consiguientes desigualdades al asignar una nueva responsabilidad a las mujeres.

Por esa razón, investigaciones recientes critican el llamado “idilio rural”, que se basa en la idea de que “la comunidad rural sería idealmente el espacio de la solidaridad auténtica que representa la vida hogareña y el papel incondicionalmente cuidador y nutricio de las mujeres”[iii].

Esa visión es otra trampa del machismo, que con el discurso del altruismo de las mujeres (todo lo pueden y son más aptas para el cuidado tanto de seres humanos como de la naturaleza) escamotea la comprensión de las inequidades en las relaciones de poder, así como la obligatoriedad y coacción de muchos trabajos cotidianos que ellas suelen realizar en el ámbito privado.

Tener en cuenta a las mujeres y sus saberes acumulados es importante, pero también atender cuestiones sensibles como las formas en que se organiza el poder en las comunidades, tanto en términos político-administrativos como en lo referido a relaciones de dominación-subordinación.

Además, debe prestarse atención a las fuerzas políticas movilizadoras locales, el liderazgo, el papel de la iglesia, la escuela, la familia y en general a las diferencias entre los géneros[iv].

El ecofeminismo insta a repensar el desarrollo y trabajar no solo para el presente, sino para el mañana. Foto: http://dulcespetunias.blogspot.com/

Cualquier propuesta que pretenda abordar los temas de género y medio ambiente en entornos locales, por ejemplo, debe hacerse preguntas cuestionadoras como: quién hace qué, cómo, dónde, cuándo, por qué, estas primeras asociadas al tema de la mano de obra.

Si se hace referencia al acceso a recursos, habría que interpelar la realidad con la siguiente interrogante quién utiliza qué, mientras para indagar acerca de la toma de decisiones, el poder y el control, podríamos reflexionar sobre quién controla qué.

La información es vital, razón por la cual hay que conocer ¿quién sabe qué? y, por supuesto, finalmente toda actividad beneficia a grupos específicos, lo que no lleva a formular la pregunta: quién se beneficia de qué.

En resumen, esas interrogantes y otras que pudiéramos realizar, ayudan a entender de qué forma vivencian hombres y mujeres los procesos y cómo en contextos similares, unos y otras se ven afectados de maneras diferentes.

En ello precisamente insiste el ecofeminismo, porque si bien los desafíos ambientales atañen a toda la humanidad, las mujeres sufren problemas específicos y de igual modo pudieran contribuir con soluciones específicas, basadas en sus conocimientos y experiencias acumuladas.

Sin duda, una de las mayores certezas que han visibilizado las ecofeministas es que para abordar adecuadamente desigualdades de género y los desafíos ambientales es necesario cambiar el modo en que se asigna valor a la mujer y a la naturaleza.

En general, cualquier aproximación al ecofeminismo debe partir de considerarlo una corriente de pensamiento no homogénea y cuya propuesta realiza (en la mayoría de los casos) una crítica directa al modelo de desarrollo capitalista patriarcal que impera en casi todo el mundo.

Más allá de la diversidad de variantes, esta propuesta política insta a repensar el desarrollo y trabajar no solo para el presente, sino para el mañana, en aras de favorecer el bienestar de las generaciones futuras y no comprometer sus condiciones de vida.

Bibliografía empleada en la redacción del artículo:

[i] Fornés, Estefanía. 2012. Ecofeminismos rurales. Mujeres por la soberanía alimentaria. En: Revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas. Mundubat. País Vasco. Extraído de: https://redecofeminista.files.wordpress.com/2012/11/ecofem_rurales_web.pdf

[ii] Hernández, Betty. 2010. Una mirada al género. La globalización y las posibilidades de desarrollo sostenible. En: Ecología política y educación popular ambiental: selección de lecturas. Comp. Arrotila, Jesús Figueredo Ar et. al. Editorial Caminos, Colección Fepad. La Habana, pp.121-129.

[iii] Fornés, 2012, p.128.

[iv] Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). 2013. Guía de capacitación investigación del género y cambio climático en la agricultura y la seguridad alimentaria para el desarrollo. Extraído de: http://www.acnu.org.cu/sites/default/files/i3385s.pdf

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