
Patio de los Laureles, de la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana. Foto: Radio Rebelde
A veces se pierden árboles por diversas razones, que van desde el fuerte viento que traen aparejados los fenómenos meteorológicos que llegan al país en determinadas fechas del año, hasta por enfermedades, plagas y el propio tiempo que los desgasta y mueren.
En otras ocasiones resulta lamentable ver en las comunidades que es el propio hombre el causante de su ausencia, que algunas veces considera que sus flores ensucian las aceras u otros lugares cuando caen y arbitrariamente los derriban; en otras valora su ubicación desacertada; como estas muchas causas más.
Algo triste resultó ver recientemente el derribo, sin razón alguna, de dos cocoteros altísimos que, además de ofrecer la belleza de sus frondosos penachos, atenuaban el efecto directo de los rayos ultravioletas del Sol, tan dañinos para la piel.
Por cierto, Cuba es ejemplo en repoblación forestal, para lo cual realiza plantaciones en tierras ociosas, así como incrementa el funcionamiento de los sistemas de vigilancia para controlar el impacto de los incendios y evitar la tala indiscriminada.
Dentro de la estrategia del país se ubica el llamado Plan Turquino-Manatí, programa del Gobierno de carácter socioeconómico, dirigido a estabilizar una población residente económicamente activa, capaz de explotar y desarrollar de forma sostenible los recursos naturales y biológicos de los macizos montañosos en función de su aprovechamiento.
Los parques y demás reservas naturales protegen el 17,2 por ciento del territorio. Los bosques proporcionan un hábitat a una amplia variedad de plantas y animales.
Los árboles combaten el exceso de dióxido de carbono (CO2) causado por muchos factores, el cual se acumula en la atmósfera y contribuye al cambio climático.
También absorben el CO2, removiendo y almacenando el carbono, al tiempo que liberan oxígeno al aire. Además, filtran las partículas contaminantes del aire, atrapándolas en sus hojas y corteza.
Fuentes consultadas demuestran que tres árboles colocados estratégicamente alrededor del hogar de una familia pueden recortar hasta en un 50 por ciento la necesidad de usar el aire acondicionado en el verano. Al reducir la demanda de energía para refrescar las casas, se disminuye el dióxido de carbono y otros gases contaminantes producidos por las plantas de electricidad.
De igual forma, brindan sensación de bienestar, embellecen el paisaje y constituyen un valor patrimonial para cualquier nación. La mayoría de los individuos responden a su presencia no solo admirando su belleza, sino también sintiéndose serenos, sosegados y tranquilos.
Los estudios han demostrado que los pacientes que pueden ver árboles desde sus ventanas se sanan más rápido y con menos complicaciones. Los niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad muestran menos síntomas cuando tienen acceso a la naturaleza.
El 10 de octubre de 1904 se celebró por primera vez en Cuba el Día del Árbol por parte de un grupo de patriotas, personalidades, vecinos e instituciones públicas en el barrio habanero de El Vedado, quienes además decidieron adoptar esta fecha en homenaje al alzamiento independentista, protagonizado por Carlos Manuel de Céspedes en el ingenio La Demajagua, en 1868.
Por la importancia que tienen para las personas, qué provechoso sería que en las escuelas, a través de las clases, se inculcara a los alumnos desde los primeros grados el amor por los árboles, así como algunas formas de protegerlos e incrementarlos en los barrios.
Fuentes consultadas: EcuRed, www.naturaleza.com y archivo de la periodista.

