
Abelardo Barroso. Foto tomada de Internet.
El barrio de Cayo Hueso, en el actual municipio Centro Habana, se ha caracterizado por haber sido cuna de notables músicos y cantantes y haber servido también de punto de origen a valiosos eventos relacionados con la música como el nacimiento del filin y la formación del cuarteto Los Zafiros, por ejemplo.
Y precisamente en esa localidad habanera nació un sonero de gran estirpe, legendario intérprete de la música cubana: Abelardo Barroso.
Nacido en 1905 en cuna humilde, no le quedó más remedio que ganarse la vida, desde muy joven, de diversas maneras, entre ellas como chofer de alquiler, boxeador y jugador de béisbol.
Pero siempre encontró momentos para irse a cantar con trovadores que actuaban por la propina en cafés de la ciudad, o con los grupos de sones que tocaban en pequeños y precarios cabarets de las playas de Marianao.
Fue en ese lugar, que el joven Barroso conoció a soneros que darían un nuevo rostro a la música popular cubana a partir de que el son, nacido en las montañas de la provincia de Oriente, comenzara a grabarse en discos. Barroso participó de forma activa en el debut fonográfico de los más destacados grupos de la llamada “época de oro”.
El 17 de julio de 1925 entró al Sexteto Habanero, una agrupación que según una expresión comercial de la época “vistió de frac al son” y que a la sazón se presentaba en el exclusivo Vedado Lawn Tennis Club, actualmente círculo social obrero José Antonio Echeverría.
El sexteto hizo sus primeros registros fonográficos para la disquera RCA Víctor en el último trimestre de ese año y entre las piezas que quedaron impresas en el acetato estaba la que se consideraba como un “son clásico”: A la loma de Belén, original de Juana González de Cabrera.
En 1926 fue incluido en la nómina del conjunto que dirigía el bongosero, guitarrista y tresero Alfredo Boloña, quien había cultivado el son desde 1915.
Con el Sexteto Boloña viajó en octubre de 1926 a Nueva York para realizar una serie de grabaciones para el sello Brunswick y un año más tarde volvió a grabar en la Gran Manzana, esta vez para el sello Columbia y con el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro. En uno de esos discos aparece Fernanda, una composición de su autoría.
Fueron muchas las veces que Barroso –a quien el público llamaba Caruso por la potencia de su voz– grabó discos con el Septeto Nacional, el Sexteto Habanero y el Sexteto Boloña. Solamente con este último dejó registrados 16 sones.
En 1929 se incorporó a la compañía de variedades Salmerón, que durante un año se presentó en Bilbao, Barcelona y Madrid. A su regreso a Cuba comenzó a trabajar como cantante de la orquesta de Ernesto Muñoz y popularizó una novedad musical, el danzonete, modalidad desprendida del danzón y que posee al final un montuno sonero.
En 1933 fundó con Orestes “Macho” López la charanga López-Barroso, y alternó actuaciones con su septeto Universo hasta 1935, año en que fundó el sexteto de sones Pinín. Luego pasó a cantar con la orquesta de Andrés Laferté y más tarde, con la agrupación del pianista Everardo Ordaz.
En 1939 comenzó a trabajar en la emisora COCO con la orquesta Maravilla del Siglo, sustituyendo al famoso cantante Fernando Collazo. En la década de 1940 actuó en varios shows del cabaret Sans-Souci, y en 1948 comenzó a laborar como cantante y ejecutante de las claves y las maracas de la Banda de Música de la Policía Nacional, pero por poco tiempo.
Por esos días los sextetos y septetos de sones apenas conseguían contratos para actuar y las orquestas tipo charanga parecían estar a punto de ser vencidas por jazz bands como Casino de la Playa, Riverside y Hermanos Castro, entre otras, de gran popularidad. Tendría que llegar el chachachá con la nueva década para que las charangas recuperaran el favor del público.
Barroso atravesó un profundo periodo de depresión económica que lo obligó a trabajar como pintor de brocha gorda y estibador en los muelles. En muy contadas ocasiones fue solicitado para cantar sus viejos sones en alguna fiesta particular.
En 1954 estaba tocando la tumbadora en la orquesta de Rafael Ortega en el cabaret Sans-Souci cuando el dueño de la empresa de discos Puchito, Jesús Gorís, lo reconoció y lo invitó a su mesa.
Sin saber si el veterano cantante estaba en condiciones de hacerlo, por recomendación de Benny Moré lo invitó a grabar con una nueva orquesta que acaba de contratar: la Sensación, de Rolando Valdés.
Abelardo Barroso se retiró de la música definitivamente en 1969. Falleció en La Habana el 27 de septiembre de 1972. Sus grabaciones con la orquesta Sensación se han reeditado en Cuba en múltiples ocasiones.
