Un compositor de música que inició su carrera de una manera muy peculiar es Alfredo Ernesto González Valdivia, hasta hace algún tiempo conocido solamente como pintor, arte que desarrolla también de una manera sui géneris.
Acerca de cómo empezó a componer, relata: “Fue hace como 10 años, a través de un sueño, que fue como una revelación espiritual que tuve. Un día, como a las cinco de la mañana caí en un estado como de éxtasis, sin poder definir si estaba dormido o despierto y sintiendo escalofríos.
“Comencé entonces a escuchar la voz de una mujer que cantaba una canción muy bella y melodiosa, aunque no percibía ninguna imagen. Después de escucharla completa desperté y me dije, voy a escribirla y me levanté en busca de papel y lápiz, pero solo alcancé a registrar los primeros versos, porque no recordaba el resto.
“Decidí volver a acostarme y volví a caer como en trance y a escuchar la canción. Después de varios intentos en que despertaba, escribía y volvía a acostarme, logré completar la letra.
“En la mañana me levanté y fui a trabajar al taller, pero no podía concentrarme en la pintura porque la canción me daba vueltas en la cabeza, así que decidí que tenía que completarla. Pero había un problema, yo no sabía nada de música. Así que decidí ir en busca de ayuda.
“Fui a ver a un amigo músico y me dijo que no podía porque tenía el piano roto; fui a ver a otro y me dijo que no tenía tiempo. Entonces me fui a ver a un pianista llamado Pedrito que trabajaba en el hotel Ambos Mundos. Él me dijo que allí no podía ser porque estaba trabajando y me invitó a su casa.
“En su domicilio, con un pequeño piano de juguete comenzamos a hacer el trabajo. Él me pidió que cantara la canción, pero yo era muy desafinado y él no lograba entender la melodía. Después de muchos intentos, al fin lo logró y plasmó la canción en el pentagrama.
“Luego quiso tocarla, pero a los primeros acordes se echó a llorar descontroladamente y yo vi como las lágrimas mojaban el papel pautado. Ante aquella situación me pidió que me fuera y me llevara la canción, porque él se sentía incapaz de interpretarla.
“Así me fui a ver al maestro Juan Espinosa, que era mi amigo y el tocó la melodía y le pareció tan bien que me propuso buscar a alguien que la cantara. Yo estuve totalmente de acuerdo y unos días después me dijo que la iba a cantar Gisela Sosa, la vocalista del conjunto Novel Voz y con ella grabamos el tema en el piano-bar del Teatro Nacional de Cuba.
“Pasaron meses y un buen día, al amanecer, apareció Se va una flor, mi segundo número; y así, poco a poco fueron surgiendo otros y otros, hasta que grabamos 10 con Gisela Sosa y el maestro Espinosa acompañándola al piano”.
En la actualidad este compositor interpreta sus propias canciones; sin embargo confiesa que era muy desafinado. Entonces ¿cómo empezó a cantar? El entrevistado refiere: “Yo oía hablar de la afinación y quería saber lo que es cantar, lo que la afinación.
“Me fui de nuevo a ver a Juanito Espinosa y estuve vocalizando con él alrededor de un año, hasta que viajó a México. Entonces me recomendaron al maestro Ramón Chávez, cantante retirado de la Ópera Nacional de Cuba, y con éste estuve trabajando en perfilar mi voz y aprendiendo a cantar durante tres años. También me ayudó una compañera llamada María Elena, que trabaja como profesora de música en el conservatorio de Guanabacoa”.
Desde sus comienzos, hasta el momento de esta entrevista, González Valdivia tiene ya en su catálogo 65 temas musicales en diversos géneros, de los cuales ha grabado 50 en cinco discos compactos. También participó en un concurso de habaneras en el que obtuvo el tercer premio.
Como pintor, este artista multifacético, tiene también una característica muy especial. Él nos revela en qué consiste.
“Que utilizo pinturas que elaboro a partir de suelos naturales, de rocas, arcilla, capa vegetal, arena, mica, mármol, etc. las que esterilizo, muelo, tamizo y mezclo con resinas vegetales naturales que sirven de aglutinante.
“Utilizo para pintar las plumas de las aves, porque a los pinceles comerciales se les cortan las cerdas cuando se enfrentan a las pinturas que son abrasivas, mientras que las plumas tienen una especie de lubricante que las protege”.
De esta faceta de su trabajo artístico estaremos conversando en otra ocasión con Alfredo Ernesto González Valdivia, más conocido como el pintor de la tierra.

