
El 16 de septiembre de 1872, cuando se celebraba en Mérida el aniversario del inicio de la independencia, el poeta cubano Alfredo Torroella declamó uno de sus poemas. (Foto: Libertad y Expresión de Yucatán)
Considerado como el primer discurso pronunciado en Cuba por José Martí, fue el que el Maestro dedicara el 28 de febrero de 1879, desde el Liceo Artístico y Literario de Guanabacoa, al poeta, dramaturgo y profesor Alfredo Torroella y Romaguera, fallecido el 21 de enero de ese año.
La vida y obra de ese intelectual y revolucionario habanero, nacido el 9 de agosto de 1845, marca un hito en la historia y la cultura cubanas, por la importancia que reviste.
Torroella estudió en el colegio San Cristóbal, ubicado en el actual municipio del Cerro, donde se graduó de bachiller en Artes en 1865. De inmediato ingresó en la Universidad de La Habana para cursar la carrera de Derecho, la cual no concluyó. Entonces comenzó a incursionar en el mundo de la literatura.
Colaboró con varias publicaciones, como Cuba Literaria, El Correo Habanero, Camafeos, y La Revista del Pueblo. Además fue gacetillero de los periódicos La Prensa y El Siglo y fue codirector de la revista Ensayos Literarios y director de La Luz, que se editaba en la localidad habanera de Regla.
Asistió asiduamente a las tertulias de Nicolás Azcárate y perteneció a la sección literaria del liceo de Guanabacoa; tradujo obras escritas en francés y ejerció el magisterio.
En el año 1866 estrenó su obra Careta sobre careta en el teatro Tacón, donde hoy se encuentra el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.
Relacionado con el movimiento independentista cubano, tuvo que emigrar a México en 1868. Primero se asentó en la localidad de Mérida y luego se trasladó a la capital mexicana. En este país desempeñó varías labores, entre las que se cuenta la responsabilidad de la publicación del periódico literario El Álbum.
Desde la nación centroamericana colaboró con El Renacimiento y El Federalista, publicaciones mexicanas, y con La América, de Nueva York. En 1870 estrenó su drama El mulato en la capital azteca. También acometió labores no relacionadas con la literatura, como funcionario de aduanas. Al mismo tiempo realizó actividades a favor de la causa independentista cubana.
En México conoció a José Martí, quién había llegado allí en 1875, y entre ambos nació una estrecha amistad.
En 1878, al sentirse enfermo, decidió retornar a la capital cubana en tiempos de relativa calma a causa del Pacto del Zanjón y residió en la zona de Guanabacoa hasta que falleció con solo 33 años de edad. Dejó inédita su obra de teatro El cajón de la sorpresa.
Entre sus obras teatrales se cuentan también, el drama en tres actos y en verso Amor y pobreza; Laureles de oro, comedia en tres actos; la obras humorísticas El ensayo de Don Juan Tenorio y Un minué, así como numerosos poemas.
Al resumir la trascendencia de su actividad creadora en su discurso en el liceo de Guanabacoa, José Martí expresó: “Orador, arrastró; poeta, sedujo; autor dramático, oyó de los mexicanos aplausos ferventísimos. Ora tonante y fiero, ora amoroso y manso; no mermada la generosidad, enamorado de dos patrias, fuerte con un nobilísimo cariño, con el estudio asiduo acendrado su enérgico talento, era para México, no el humilde acogido, sino el hijo fervientemente amado”.
Y en otra parte del panegírico exclamó: “¿Dónde está ahora la palabra de fuego, el corazón inmenso, el generoso aliento, la ya famosa lira del poeta? ¿Dónde el bardo de los pobres, de los esclavos, de los mártires? En vano se le busca en otra parte: está en el alma de los mártires, de los esclavos, de los pobres. Amado será el que ama, besos recogerá quien siembre besos!”
Hoy, a 128 años de su deceso, Alfredo Torroella es considerado un importante exponente de la literatura cubana, en especial de la Villa de Pepe Antonio donde su nombre dignifica instituciones culturales y educativas de La Habana.
(Con información de EcuRed)
