Bullicio, risas, bailes tradicionales y contemporáneos, colorido y alegría multiplicada y contagiosa, caracterizaron al carnaval protagonizado por niños, adolescentes y jóvenes, que hizo vestirse con traje infantil a la despedida veraniega junto al Malecón capitalino.
Una veintena de comparsitas y 12 carrosas colmaron en área entre el sitio popularmente conocido como La Piragua y la intersección de la calle Marina con la avenida del Malecón.
Integradas por infantes de los 15 municipios habaneros evidenciaron su apego al exhibir y disfrutar de las tradiciones festivas que se cultivan en sus barrios y comunidades.
Se destacaron especialmente con gran aceptación del público, mayoritariamente infantil y juvenil, Los Chicos de la Feu; Los Chicos del Este; Los Caballeritos del Ritmo, de San Miguel del Padrón; Los tamborcitos de Bejucal, y Los Guaracheritos de Regla, estos últimos recientemente reconocidos por ser la única comparsa infantil que acompaña las noches del carnaval habanero.
Participaron también comparsas infantiles como Los Componedores de Batea, Las Jardineritas, Las Bolleras, Las Sultanas, Los Marquesitos de Atarés, El Alacrán, Los Eleguacitos de San Miguel del Padrón, Los Conguitos de La Lisa, Los Cubanitos de Guanabacoa, Los Meñiques, Los Payasitos, Los Pelués de Marianao, Los Cascabelitos, Los Rayitos de Sol y Los Naranjitos.
Resaltaron además por la organicidad y sensibilidad de sus actuaciones, Hayla María Mompié, con el proyecto Paso a Paso; el proyecto El Hombrecito Verde; el Circo Nacional de Cuba; la Escuela Provincial de Danza; La Colmenita de Romerillo, y Muñecones Habana.
Los niños disfrutaron también de diversas ofertas gastronómicas expendidas a precios módicos por las unidades de la Empresa Provincial de la Industria Alimentaria, la heladería Coppélia y unidades de la Empresa Provincial de Recreación y Turismo (Recreatur).
El Centro de Apoyo al Carnaval y la Dirección de Cultura protagonizaron el esfuerzo conjunto bajo la guía del Consejo de Administración Provincial de La Habana, lo que trajo consigo un hermoso espectáculo para el disfrute de los niños, que son, al decir de José Martí, “los que saben querer” y a la vez “la esperanza del mundo”.









