
Imagen de la edición facsimilar de Los heraldos negros del poeta peruano César Vallejo. Foto: María de los Ángeles Polo
Cada visita que se hace a la feria del libro es una oportunidad nueva de encontrar verdaderas joyas de la literatura universal, como es el caso de la edición facsimilar de Los heraldos negros, del poeta peruano César Vallejo
La obra fue presentada en el stand de CubaPoesía, a propósito de su centenario, y llegó a La Habana, para festejar junto a los lectores cubanos, de la mano de Jaime Chihuán, director de la editorial Sinco Editores de Lima, Perú.
Esta presentación fue un regalo de lujo para los lectores que en Cuba disfrutan de la buena poesía llegada de cualquier parte porque Vallejo es uno de los grandes líricos de la lírica hispanoamericana del siglo XX, de esos autores imprescindibles, dueño de una obra de singular personalidad.
Los heraldos negros es un libro fundador, identitario, con un lenguaje coloquial pero siempre hondo, refleja la realidad de Nuestra América, de profundas raíces indígenas, esa que le corría por las venas, y fue marcando con él el camino a recorrer, y lo hizo con una poesía diferente, que rompía cánones y se diferenciaba de los oropeles modernistas que estaban de moda en su época.
Versos -como ha dicho alguien- “que tienen las cicatrices de la furia metafísica que se ensañó con su vida” y yo agrego que, tal vez por esas mismas circunstancias que rodearon su vida sus lectores tenemos el privilegio de disfrutar de versos tan vitales y fervorosos como los suyos.
César Vallejo es de esos autores para tener eternamente de cabecera y como él mismo le profetizó al editor que le negara la posibilidad de ver sus primeros versos en letra impresa “de aquí a 300 años nos veremos”.
Los volúmenes de Vallejo son de esos que si alguien encuentra en viejas librerías ha de considerarse afortunado, es por ello que para la Colección Sur, publicar su obra poética para los lectores cubanos, es tarea pendiente.
Aunque cumplen 100 años, el libro Los heraldos negros sigue convocando, dando motivos para celebrar y reunirse en torno a sus versos.
Hoy regalo el primer poema de aquel libro primigenio, el que le da título al poemario.
Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!
Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos,
como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza,
como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
La Feria Internacional del Libro de La Habana cierra sus puertas este 17 de febrero, luego de haber puesto a disposición del público diversas propuestas literarias tanto de Cuba como de otras regiones del mundo.
