
Chamaquili es especial porque logra captar la esencia del ser niño, porque usa y juega con el lenguaje propio de las edades tempranas; con las costumbres, las explicaciones y los sueños infantiles. (Foto: http://www.diazpimienta.com)
Chamaquili es el protagonista de una serie de libros infantiles de la autoría de Alexis Díaz-Pimienta, poeta y repentista conocido como cultivador de la seguidilla; con ilustraciones de Jorge Oliver, creador de clásicos del dibujo animado cubano como el Capitán Plin.
Pero no es este dúo armónico de autor e ilustrador lo que hacen especial a Chamaquili, un volumen que entrega en esta Feria del Libro 2014 su octava propuesta: ¿Qué me cuentas, Chamaquili?
Chamaquili es especial porque logra captar la esencia del ser niño, porque usa y juega con el lenguaje propio de las edades tempranas; con las costumbres, las explicaciones y los sueños infantiles. Encanta porque son libros sencillos, llenos de ingenuidades, de esas lógicas simples que solo saben hallar los niños, antes de crecer y comenzar a complicarse la vida.
Chamaquili logra una empatía increíble con los pequeños que se ven reflejados en cada historia, en esa sensatez asombrosa con que ellos entienden todo. A los jóvenes les traslada a sus años de travesuras infantiles, y a quienes somos padres nos hace, quizás, reconocer en Chamaquili a nuestros propios hijos.
Chamaquili, es el retrato de un niño que va creciendo y descubriendo el mundo de entrega en entrega; pero es también la fascinación de un padre que disfruta cada momento del crecimiento de su pequeño, como quizás no lo hizo con sus otros hijos.
Alexys Díaz Pimienta ha dicho: “el único mérito que tengo es haber captado esa poesía de mi hijo Alejandro, y plasmarla en un papel. Y luego convencer a Jorge Oliver de que le diera imagen y color a esos poemas que Alejandro hacía y que yo convertía en palabras”.
Y dice bien, porque su mérito verdadero es precisamente haber logrado escribir cada uno de los Chamaquilis, no como un mediador consciente que perfecciona las palabras e ideas de su hijo, pasándolos por el filtro de la adultez, sino bajando a la altura de un niño.
Chamaquili Chamaquili, el primer libro de la colección es el más entrañable de todos, porque son los primeros añitos del niño, cuando aprende a hablar, a decir mamá y papá y los padres sienten celos porque aprendió primero a llamarle a uno o a otro. Entonces Chamaquili lo resuelve inteligentemente diciendo “mapá” o “pamá”, una ingeniosa solución ante la cual no nos queda más remedio que rendirnos y querer a Chamaquili.
Buenos días, Chamaquili; Chamaquili y la lámpara luna y Chamaquili en el cuarto de baño, son libros igual de íntimos, que nos muestran al niño en su evolución lógica, descubriendo el entorno que le rodea; no un niño perfecto, pero sí el niño que todos quisiéramos ser o tener.
Chamaquili en La Habana, Chamaquili en Almería y Chamaquili vuelve a La Habana, son entregas de un Chamaquili más grandecito, pero aún pequeño; un libro donde se habla de la familia, de encuentros y desencuentros, de la emigración, de un niño que no entiende que distancias y economías puedan ser más fuertes que el amor.
Chamaquili nos devela, en definitiva, secretos de la infancia que todos vivimos o conocimos, y a veces olvidamos o ya no entendemos, y eso lo hace un libro cercano. Es un texto que nos abre las puertas a una familia que puede ser cualquier familia, con los mismos problemas y las mismas alegrías; un libro que habla y enseña valores que a veces parecen olvidados.
Un libro sobre las primera palabras de un niño, sus primeros pasos, sus porqués; sobre la caída del primer diente o el descubrimiento de la luna; sobre los amigos y los parientes; sobre viajar y ser poeta; sobre malcriadeces y necesidades; un libro sobre la niñez con todos sus matices.
Durante años muchos chamaquilófilos empedernidos que tuvimos la suerte de describir y enamorarnos de aquel primer Chamaquili Chamaquili, hemos perseguido cada uno de los volúmenes, no con afán coleccionador, sino para descubrir qué nueva ocurrencia tendrán Chamaquili y su papá.

Presentación del libro ¿Qué me cuentas, Chamaquili?, en la Feria Internacional del Libro de La Habana 2014. (Foto: cubadebate.cu)
Fue mi colega y amiga Amarilys Ribot quien lo trajo a casa, de regalo para mi hijo César tras una de sus incursiones por una Feria del Libro hace varios años. Chamaquili y sus papás* fue el primer poemita que aprendió mi niño, cuando no levantaba una cuarta del suelo.
Después los he ido consiguiendo con más o menos suerte en cada Feria (solo me falta Chamaquili en el cuarto de baño). Ya más grandecito César comenzó a preguntarse y preguntarme quién era Chamaquili, cómo se llamaba en realidad, si era verdad que decía esas cosas y por qué su papá escribía todo lo que el hacía o decía.
Y es que César es también un Chamaquili, como puede ser un Ismaelillo, un Principito o cualquiera de esos niños que padres (o amigos) poetas o escritores han convertido en libros.
En una reciente entrevista, que comparto con ustedes al finalizar estas líneas caóticas, Alexis Díaz Pimienta comenta que Chamaquili dejó de crecer al ritmo de su hijo Alejandro, quien ya tiene 12 años y que ahora lo construye a partir de otras historias de otros niños.
No sé qué opinarán otros chamaquilófilos, pero a mí me gustaría que Chamaquili siguiera creciendo y se convirtiera en adolescente junto a Alejandro, con todas las maravillas y los descubrimientos que implica la adolescencia.
Es un legítimo derecho del autor proyectar Chamaquili como pretende; pero corre el riesgo entonces Alexis Díaz-Pimienta de perder la esencia de Chamaquili, que ha sido sin dudas pintar con palabras las realidades del crecimiento de su hijo como lo va sintiendo en su propia piel de padre.
Las historias no salen igual cuando se viven que cuando alguien nos las cuenta. Sé, nadie me lo tiene que decir, que también se escriben leyendas maravillosas a partir de la imaginación. Pero el principal valor de Chamaquili es la sinceridad que se transpira en cada verso.
Quizás si no puede seguir creciendo sea hora de terminar Chamaquili, so pena de que pierda su esencia, porque dejará de ser la fascinación del padre escritor por su hijo.
De todas maneras cada Chamaquili por sí solo quedará detenido en el tiempo, para suerte de los niños de mañana, que ojalá lo sigan encontrando en sucesivas re-ediciones, que espero nunca falten, porque Chamaquili, como Ismaelillo o El Principito, siempre le harán falta a los niños cubanos.
* Chamaquili y sus papás
A veces digo mamá
y como que sabe a poco.
A veces sigo papá
y no me lleno tampoco.
Entonces digo “pamá”
y las dos palabras toco,
o se me escapa “pamá”
y finjo que me equivoco.
Cuando estás juntos “ma” y “pa”
¡qué importa que venga El Coco!
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Consulte en este link la página Oficial de Alexis Díaz-Pimienta: http://www.diazpimienta.com

