Crónica de lunes: Biblioteca Nacional de Cuba, 114 años de historia

Biblioteca Nacional de Cuba José Martí. Actualmente de localiza en la avenida Independencia (Rancho Boyeros) y la calle Aranguren, en uno de los laterales de la Plaza de la Revolución José Martí. Foto.Ecured

Biblioteca Nacional de Cuba. Actualmente de localiza en la avenida Independencia (Rancho Boyeros) y la calle Aranguren, en uno de los laterales de la Plaza de la Revolución José Martí. Foto: Ecured

La Biblioteca Nacional de Cuba José Martí se ha ganado un lugar cimero entre las instituciones culturales de la nación gracias a una persistente y minuciosa labor en la preservación del tesoro bibliográfico cubano desde hace 114 años.

Si bien hay muy pocas cosas que podamos agradecer al gobierno interventor de los Estados Unidos, a finales del siglo XIX y principios del XX, una vez finalizada la última etapa de la Guerra de Independencia, una de esas es la fundación de la Biblioteca Nacional de Cuba (BNC), el 18 de octubre de 1901.

Antes de eso existían en la isla algunas bibliotecas y colecciones privadas y públicas que no alcanzaban la universalidad de una biblioteca nacional. Entre ellas resaltaba la del presbítero Nicolás Estévez Borges, deán de la catedral de Cuba, con unos dos mil volúmenes.

Debe destacarse una pequeña biblioteca creada en el Real y Conciliar Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio, donde se guardaban los textos que debían escribir los profesores para sustentar sus clases.

Gracias a ello se han conservado los textos de Filosofía Electiva de José Agustín Caballero y las Lecciones de Filosofía de Félix Varela.

Tres años antes de que concluyera el siglo XVII se crea en la recién constituida Sociedad Económica de Amigos del País la biblioteca pública de la institución, la más antigua de Cuba y que, para comienzos del siglo XX, ya atesoraba 41 mil 487 libros.

Las más destacadas personalidades del mundo científico e intelectual cubano, casi todas pertenecientes a la más alta aristocracia azucarera del país, como Francisco de Arango y Parreño, Nicolás Calvo y O’Farril, Antonio Bachiller y Morales, Domingo del Monte, Vidal Morales y Morales, José Silverio Jorrín, Néstor Ponce de León o Domingo Figuerola Caneda, poseían importantes colecciones particulares, compuestas por libros editados por prestigiosas casas editoriales europeas, norteamericanas y cubanas.

La Biblioteca Nacional de Cuba fue creada mediante la ley militar número 234 del Gobierno Interventor norteamericano en la cual se nombraba a su primer director, Don Domingo Figuerola Caneda, cuyos libros fueron también los primeros en integrar los fondos de la nueva institución, unos tres mil volúmenes. A partir de ese momento, otros intelectuales siguieron su ejemplo y donaron sus libros.

El primer asentamiento de la biblioteca fue un salón de 30 metros de largo por siete y medio den ancho, en el Castillo de la Real Fuerza, donde radicaba el Archivo General.

Poco después, en julio de 1902, la institución recién creada fue trasladada a los altos de la antigua Maestranza de Artillería.

En 1929 las estanterías se trasladaron al Capitolio Nacional, para entonces en construcción, y los libros se depositaron en una nave del viejo presidio, en el Paseo del Prado, donde un incendio destruyó una parte de ellos, además de los que se dañaron a causa del polvo y la humedad. Así lo testimonió Francisco de Paula Coronado, su segundo director.

Un nuevo traslado hacia el Castillo de la Real Fuerza, en 1938, precipitado y poco cuidadoso, causó más daños a los fondos bibliográficos de la biblioteca.

Gracias a las gestiones de José Antonio Ramos, asesor técnico de la BNC, en 1941 se promulga una ley, uno de cuyos artículos establece un impuesto de medio centavo sobre cada saco de azúcar de 325 libras producido en la zafra del año anterior, para la compra del terreno y la construcción de un edificio destinado a la institución.

Al fin, el 28 de enero de 1952, en coincidencia con el aniversario 99 del natalicio del Apóstol de la independencia cubana, se coloca la primera piedra del edificio actual, que sería terminado el 12 de junio de 1957 y se agrega al nombre genérico de Biblioteca Nacional de Cuba el muy bien fundamentado de José Martí.

En enero de 1959, tras el triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro, asume la dirección de la BNC la reconocida bibliotecóloga y doctora en Ciencias Sociales y Derecho Público, María Teresa Freyre de Andrade.

A partir de ese momento se redefinen los objetivos, funcionamiento, organización y normas y se inicia la ardua labor de reorganización, catalogación y clasificación de las colecciones existentes, así como de los nuevos ejemplares que se fueran adquiriendo.

Se establecieron además los departamentos de Selección, Consulta y Referencia, Arte, Juvenil, Biblioteca y Mantenimiento y Circulante para Adultos.

Hoy, bajo la dirección del doctor Eduardo Torres Cuevas, mantiene sus importantes misiones como depositaria del tesoro bibliográfico de la nación y rectora de la extensa red de bibliotecas públicas y escolares, además de brindar servicios especializados a personas con discapacidades, búsquedas de información, servicios fonográficos, actividades de extensión y culturales.

Después de aquellos tímidos inicios, tras los esfuerzos de importantísimos intelectuales como Emilio Roig de Leucshering y 114 años de persistente labor, la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí es una verdadera joya de la cultura cubana.

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