Crónica de lunes: El hombre de la gran boca

Carlos Ruíz de la Tejera. (Foto: cubanosporelmundo.com)

Carlos Ruíz de la Tejera. (Foto: cubanosporelmundo.com)

Tal vez la vida no le dio tiempo, pues se fue de repente, pero creo que este humorista nato hubiera pedido que no existiera llanto en su sepelio, porque la risa fue la emoción humana que más marcó su vida.

Casi solo de verlo ya empezábamos a reír. Luego, cuando abría su boca desproporcionada y empezaba a hablar, la risa era como un aguacero de esos que llegan en verano: copiosa, explosiva, imparable.

Creo que el estimado lector ya se habrá dado cuenta de que se trata del actor de cine, radio y televisión –pero sobre todo comediante– Carlos Ruíz de la Tejera, fallecido repentinamente este sábado en La Habana.

Con frecuencia hacía alusión a su boca, más grande de lo que hubiera debido ser para una persona de su talla. Decía que cuando niño sus condiscípulos se burlaban de él por ese aparente defecto físico. Hasta que un día descubrió que podía introducir su puño cerrado dentro de ella, algo que más nadie lograba. “Ahora ya no puedo –decía– porque el puño creció, aunque esta sigue del mismo tamaño”.

Pero su boca no era solo grande fisiológicamente, sino que también constituía el principal instrumento de su arte y forma de vida. Con su hablar, un poco atropellado, Carlos Ruíz divirtió a varias generaciones de cubanos y triunfó además allende las fronteras del verde caimán.

No solo hacía chistes, igualmente se desempeñó con maestría en papeles dramáticos. Se le vio actuar en varios clásicos de la cinematografía cubana, e incluso incursionó en el doblaje cuando puso voz a uno de los personajes del filme de dibujos animados Meñique, estrenado en el 2014.

En cuanto a sus actuaciones como humorista, no solo nos hacía reír, sino también reflexionar con sus chispeantes monólogos, en muchos de los que se cumplía aquella frase que escribiera el Héroe Nacional de Cuba, José Martí: “La sátira ha de ser a la sociedad como un látigo con cascabeles en la punta”.

Carlos Ruíz de la Tejera nació en La Habana el 4 de agosto de 1932. Desde 1992 realizó mensualmente una tertulia en el Museo Napoleónico de La Habana, donde compartió con talentosos poetas, actores, trovadores, humoristas, teatristas, artesanos, pintores y otros artistas, a quienes el actor iba presentando.

En el cine dejó su impronta en decenas de cintas, entre las que se destacan tres del laureado director cubano Tomás Gutiérrez Alea: Las doce sillas, La muerte de un burócrata y Los sobrevivientes, además de otras dirigidas por Julio García Espinosa: Son o no son y El Plano, así como El otro Cristóbal del realizador francés Armand Gatti.

Asimismo, logró éxitos con recitales donde combinó canciones con poemas, textos y humor. Es el caso de Cantos de amor y vida, Amor de ciudad grande, Yo sacaré lo que en el pecho tengo y el unipersonal Carlos Ruíz de la Tejera en concierto.

Por la excelencia de su trabajo fue acreedor de numerosos lauros, entre los que resaltan: la condición de Vanguardia Nacional del Sindicato de Trabajadores de la Cultura, otorgada por la Central de Trabajadores de Cuba; la medalla de Laureado del Sindicato de la Cultura; la Giraldilla de La Habana, entregada por el Gobierno de la capital cubana; la Réplica del machete del General Máximo Gómez; la distinción Majadahonda, por el aporte a la causa internacionalista, otorgado por la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac); el Sello de la ciudad de Barquisimeto, entregado en el teatro Juárez por el alcalde de la ciudad (México, 1997); la placa de reconocimiento de Fundacultura y la Gobernación del Estado Lara, Venezuela; entre otras.

Al dejarnos, Carlos Ruíz de la Tejera deja un vacío en la cultura cubana; un vacío que será muy difícil de llenar, por no decir imposible, pues este artista era único.

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