Por estos días cumple 45 años un mambí que desde muy joven empuñó el machete heredado de su padre –muerto en combate por la libertad de Cuba– y se fue a la manigua irredenta a continuar la obra que su progenitor le legó junto a la filosa herramienta trocada en arma.
Lo vimos, siendo aun un bebé, afrontando los azares de la vida entre la espesura virgen de los campos cubanos, donde sus padres tuvieron que refugiarse a causa de sus ideas independentistas. Luego creció y se unió también al Ejército Libertador.
Lo vimos enfrentarse al las fuerzas coloniales de España con arrojo y valentía, darle el pecho a las balas y cargar al machete contra el enemigo formado en cuadro y penetrar las filas apretadas causando un verdadero caos.
Lo vimos lidiar con su caballo, un potro díscolo e indisciplinado, pero inteligente y fiel como ninguno. “Un verdadero caballo de guerra”.
Lo vimos engañar a sus antagonistas con estratagemas y tácticas militares para vencer en cada batalla. Enfrentar al imperio del norte, aliado para su conveniencia con metrópoli española y hacerlo desde las propias entrañas del monstruo.
Lo vimos enamorarse, casarse casi al borde de un combate, lo vimos incluso llorar cuando había que llorar. Lo hemos visto crecer y curtirse en la fragua de la guerra hasta alcanzar el grado de coronel.
Hoy, a cuarenta y cinco años de su nacimiento, cuando ya Cuba es independiente y soberana, sigue blandiendo el machete, empuñando el fusil y cabalgando para deleite de grandes y chicos que seguimos sus peripecias a través de la pequeña o la gran pantalla.
Es que Elpidio Valdés es símbolo para varias generaciones de cubanos, por su integridad, su valor, su austeridad y también por su temeridad.
Pero ¿qué sería del popular oficial mambí si no estuviera acompañado por sus amigos y camaradas de lucha: la capitana Maria Silvia, que de simple compañera de armas pasa a ser su novia y luego esposa; el comandante Marcial, su ayudante, muerto en combate durante el filme Elpidio Valdés contra el Águila y el León; Pepito, el niño soldado, el corneta, siempre metiéndose en problemas por sus desafortunadas ocurrencias; Oliverio, el inventor; la niña Eutelia, la mulatica, amiga inseparable de Maria Silvia; y –por supuesto– Palmiche, el corcel?
Y ¿qué sería de Elpidio sin sus contrapartes: el general Resóplez, su enemigo jurado, quien lleva hasta el plano personal su antagonismo; el coronel andaluz, ayudante de Resoplez, que no pierde oportunidad de mostrar su incompetencia; el coronel Cetáceo, militar de academia, sobrino de Resóplez, siempre haciendo gala de sus conocimientos que de nada le valen contra los mambises; Media Cara: jefe de la contraguerrilla1 y Mister Chains, latifundista estadounidense con negocios en Cuba, enemigo de Elpidio porque amenaza sus intereses económicos?
Elpidio Valdés, el popular personaje de caricaturas infantiles cubanas, nació el 14 de agosto de 1970 de la fecunda imaginación del caricaturista, ilustrador, historietista y guionista Juan Padrón. Inicialmente se publicó por entregas, como historieta gráfica en la revista Pionero, pero su popularidad hizo que en solo cuatro años saltara al celuloide y a la pequeña pantalla.
Ha alcanzado la categoría de tradición cultural, su notoriedad lo ha llevado a merecer que el cantautor Silvio Rodríguez le compusiera una balada y que el también cantautor Carlos Varela lo mencione en su canción Memorias llevándolo al nivel de Superman. Es que, sin lugar a dudas, si Cuba tiene un superhéroe, ese es Elpidio Valdés.
Nota:
1 Contraguerrilla: Fuerzas paramilitares pagadas por el gobierno colonial. Se caracterizaban por la crueldad en su actuar, no solo contra los soldados insurrectos, sino contra la población civil. (N.A.)
Saber más: Balada de Elpidio Valdés

