Crónica de lunes: La Peregrina

Fondo ciudad de Camagüey (Foto: Cubadebate) Diseño: Gilberto González García

Fondo ciudad de Camagüey (Foto: Cubadebate) Diseño: Gilberto González García

Más que un seudónimo literario, La Peregrina, Gertrudis Gómez de Avellaneda pudo haberse clasificado como tal por la vida azarosa que la llevó, de un lado a otro, no solo en cuanto a sus lugares de residencia, sino a sus relaciones sentimentales.

Su primera travesía, marcada quizás por el deceso de su padre, don Manuel Gómez de Avellaneda, la llevó en 1836 La Coruña, España, cuando su madre, doña Francisca de Arteaga y Betancourt, se uniera en segundas nupcias al español Gaspar de Escalada y López de la Peña.

Más tarde visitó Sevilla en compañía de su hermano y decidió radicarse en esa localidad, donde puede decirse que se inicia su actividad literaria de manera profesional, a partir de 1839, cuando publicó sus primeros trabajos bajo el seudónimo La Peregrina. En esa época se llevó a escena su primera obra teatral: Leoncia, bien acogida por el público sevillano.

También pudiera decirse que su peregrinar sentimental cuando conoció a Ignacio de Cepeda, a quien amó intensamente sin ser correspondida de igual manera.

En 1940 se trasladó a la capital española donde desarrolló la etapa más prolífica de su creación literaria y se codeó con eminentes intelectuales. En esa época vivió otra relación amorosa con el poeta Gabriel García Tassara con quien tuvo una hija, nacida en abril de 1845 y fallecida siete meses después.

En 1846 contrajo matrimonio con el gobernador civil de Madrid, Pedro Sebater, de quien enviudaría solo seis meses después.

Abrumada por esa nueva pérdida Gertrudis se recluyó en el convento de Nuestra Señora de Loreto de Burdeos, de donde saldría tres años después para dar continuidad a su labor como escritora en la capital ibérica.

Entre 1849 y 1853 estrenó siete obras dramáticas, reeditó sus poemas, publicó un relato de tema histórico y dos nuevos relatos en el Semanario Pintoresco Español.

Nuevamente se casó en el año 1855. Esta vez con Domingo Verdugo y Massieu, coronel y diputado a Cortes y continúa su producción literaria. Entre sus obras dramáticas de esa época se encuentra Los tres amores que motivó una disputa en la que el esposo resultó gravemente herido. En 1859 regresó a Cuba en compañía del coronel Verdugo y Massieu, quien moriría cuatro años después a causa de secuelas provocadas de aquella herida.

En Cuba dirigió la revista El Álbum Cubano donde, además, publicó varias de sus leyendas y artículos. El 27 de enero de 1860, en La Habana ser reconoció oficialmente su labor literaria, cuando fue coronada de laureles.

Tras la muerte de su esposo regresó a Madrid, donde murió el primero de febrero de 1873.

La época en la que vivió, amó y trabajó Gertrudis Gómez de Avellaneda de Arteaga, o simplemente Tula, fue difícil para la mujer, porque solo se le concebía como una esclava del hogar, productora de hijos y, en el mejor de los casos, como un objeto de lujo viviente. Por eso resulta tan atractiva la historia de esta fémina que fue capaz de imponerse a las costumbres y triunfar en un mundo dominado por los hombres.

Su vida fue un verdadero peregrinar, perseguida por la mala fortuna, que la castigó por su osadía, privándola una y otra vez de sus seres más allegados. Sin embargo, la historia le hizo justicia al considerarla como una de las mayores exponentes de la literatura cubana, pues, a pesar de que su mayor producción viera la luz en la metrópoli, nunca perdió el sello de cubanía.

En Cuba, hoy, varias instituciones culturales que llevan su nombre, perpetúan su memoria para las generaciones pasadas, presentes y futuras.

saber-mas
Obras de Gertrudis Gómez de Avellaneda

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *