Crónica de lunes: ¡Llegó el cinematógrafo!

Fotograma del corto Simulacro de incendio, filmado en La Habana el 7 de febrero de 1897

Fotograma del corto Simulacro de incendio, filmado en La Habana el 7 de febrero de 1897

La Habana ha sido escenario temprano de nuevas tecnologías como el ferrocarril y la televisión. El cinematógrafo no escapa a esas novedades que llegaron a la urbe capitalina para asombrar a señoras con pamelas y señores con bombines.

Aunque borrosas y con movimientos más rápidos de lo normal, las imágenes móviles del cinematógrafo causaban admiración a todos los que tenían la oportunidad de presenciar las exhibiciones en París de los hermanos Lumière, que rápidamente accedieron a la fama y comenzaron a trazar estrategias para expandir su negocio.

Y, aunque pueda parecer extraño, Cuba estaba entre los países previstos por los nuevos empresarios.

Kinetoscopio

Kinetoscopio

La Habana ya había visto un fenómeno algo parecido al cine, llamado kinetoscopio, producto de la febril imaginación del gran inventor norteamericano Tomas Alva Edison, por lo que es posible que la nueva atracción no resultara del todo extraña.

Sin embargo el aparato del inventor de la bombilla eléctrica cayó en el olvido mientras que el cine llegó para quedarse y adquirir categoría de manifestación artística independiente de las letras, la música o las artes plásticas y escénicas.

El cinematógrafo francés llegó a la habana el 15 de enero de 1897 en manos de Gabriel Veyré, francés delegado de los Lumière y unos días más tarde, el 24, se realizó la primera exhibición pública en el portal del Paseo del Prado entre San José y San Rafael, donde ahora se localiza el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

Las funciones se realizaban en tandas de media hora desde las 6:30 p.m. (18:30) hasta las 11:30 p.m. (23:30). La entrada costaba 50 centavos para los mayores y 20 para los niños y militares sin graduación.

Los hermanos Lumière

Los hermanos Lumière

Entre los materiales que se proyectaban, algunos de muy corto tiempo de duración, estaban El regador regado, La partida de naipes, La salida del tren y, sobre todo El sombrero cómico; además de una primera película, titulada Bañistas, que no duraba mucho más de dos minutos.

Para agradar a las autoridades españolas, Veyré adicionó un par de cintas filmadas en la metrópoli: Infantería española en vivac y Artillería española en combate.

El día del estreno pasaron por la sala unos mil habaneros que dejaron una ganancia de 400 pesos.

El 16 de marzo del propio año, cuando ya la recaudación había alcanzado unos 20 mil pesos se produjo un pequeño incendio que destruyó parte del mobiliario, lo que ocasionó el cierre del local.

Poco antes, el 7 de febrero, el señor Veyré había filmado precisamente a los bomberos en acción en un corto de un minuto que se tituló Simulacro de incendio. No pocos habaneros aparecían en escena como casuales figurantes y luego se regocijaban al contemplarse a sí mismos en la pantalla, en lo que se considera la primera película hecha en Cuba.

El desarrollo de la cinematografía en la mayor de Las Antillas estuvo frenado por las condiciones económicas propias de una seudorepública, colonia a medias de un nuevo amo: Estados Unidos. Sin embargo algunos filmes como El mégano que salvaron la honrilla del séptimo arte en la nación.

Con el triunfo de la Revolución, el cine en Cuba toma otra dimensión, tanto en la producción cinematográfica, que pasa a ser financiada por el Estado, como en la exhibición que llega a lugares intrincados de los campos y serranías, en no pocas ocasiones a lomos de mulas.

De esa primera etapa surgen emblemáticas obras como Cuba 58, Las 12 sillas, La muerte de un burócrata y Lucía y un poco más acá, Los sobrevivientes y Fresa y chocolate, entre otras, marcan hitos en la historia del cine, no solo de Cuba sino de Latinoamérica y el mundo.

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