Crónica de lunes: Tres nombres, una fecha

Gonzalo Roig (izquierda), Cepero Brito (centro) y Antonio Gades (derecha). Fotos Ecured. Diseño: Gilberto González García

Gonzalo Roig (izquierda), Cepero Brito (centro) y Antonio Gades (derecha). Fotos Ecured. Diseño: Gilberto González García

En artículos anteriores ya se han mencionado las coincidencias históricas en cuanto fechas de nacimientos y defunciones de hombres y mujeres que guardan entre sí relaciones, no solo por esas coincidencias, sino por sus trayectorias en la vida.

El 20 de julio confluyen tres grandes de la cultura: Gonzalo Roig, José Antonio Cepero Brito y Antonio Gades. El primero y el segundo, cubanos y el tercero español, pero apasionado por la mayor de las Antillas.

Gonzalo Roig

Siendo fiel al orden cronológico escribiré en primer lugar sobre el compositor y director de orquesta Julio Gonzalo Elías Roig Lobo, nacido en La Habana el 20 de julio de 1890, quien legó a Cuba y al mundo un extenso catálogo en el que destacan piezas como Quiéreme mucho.

Roig Inició sus estudios en la Sección de Música de la Asociación de Dependientes del Comercio de La Habana y en 1927 se graduó de solfeo, teoría y piano en el Conservatorio Nacional de Música. Trabajó como violinista en las orquestas de los teatros Irijoa y Neptuno; como pianista acompañante en el Cine Monte Carlo; como contrabajista en los teatros Molino Rojo, Politeama y en la orquesta del hotel Miramar Garden; integró la orquesta, como pianista y director, del Cine Gris y fue contrabajista de la Orquesta Sinfónica de La Habana.

En esos andares compartió sus labores con otros grandes de la música cubana como Jaime Prats, Luis Casas Romero y Manuel Duchesne Morillas.

Uno de los méritos de este músico fue participar en el nacimiento de la Orquesta Sinfónica de La Habana, cuyo primer concierto se celebró el 29 de octubre de 1922 en el Teatro Nacional de La Habana (hoy Gran Teatro de La Habana). En ese recital actuaría también, como solista, el gran pianista y compositor Ernesto Lecuona. Uno de los propósitos de esa orquesta fue la de divulgar, en primer lugar, las obras de los compositores cubanos.

De Gonzalo Roig hay mucho más que decir, como que dirigió la Orquesta Filarmónica de La Habana en diversas ocasiones en que el público pudo escuchar piezas de grandes compositores cubanos y extranjeros. La Unión Panamericana lo invitó para dirigir una serie de conciertos en Estados Unidos, donde empuñó la batuta frente a la U.S. Army Band, la U.S. Soldier’s Home Military Band, la U.S. Marine Band y la U.S. Navy Band.

Fue miembro de número de la Academia Nacional de Artes y Letras y secretario de su sección de música; miembro de la Asociación Cubana de Artistas; presidente de la Sociedad Cubana de Autores, Compositores y Editores de Música; de la Junta Directiva de la Corporación Nacional de Artistas; vocal de la Solidaridad Musical; fundó la Sociedad de Autores Cubanos y la Orquesta Ignacio Cervantes; fue director de la banda de la Escuela Municipal de Música y posteriormente director de dicha academia; dirigió la orquesta de nuestra radioemisora, la COCO, y la de la CMQ; fue director-concertador de la Ópera Nacional con sede en el teatro Auditórium (hoy Amadeo Roldán) vicepresidente de la Orquesta Filarmónica de La Habana, director de la Banda Nacional de Conciertos; socio honorario de la Asociación de Cultura Musical de Costa Rica; socio de número de la Sociedad Colombista Panamericana y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, España.

Asistió, como delegado, al Congreso Internacional de Música, celebrado en Nueva York en 1939; delegado por la Corporación Cubana de Artistas, asistió al Segundo Congreso de la Federación Interamericana de Sociedades de Autores y Compositores, celebrado en Washington en 1946, y presidió la delegación cubana que asistió al XV Congreso Internacional de Sociedades de Autores y Compositores, celebrado en Buenos Aires en 1948.

Cepero Brito

El 20 de julio de 1989, en La Habana, falleció quien fuera uno de los más insignes locutores, conductores y animadores de la radio y la televisión cubanas: José Antonio Cepero Brito, quien había nacido el 21 de mayo de 1918 en Manacas, localidad de la provincia de Villa Clara, al centro del país.

Su historia se inicia cuando, siendo aún adolescente, comenzó a incursionar en pequeñas emisoras radiales en La Habana mientras trabaja como técnico de placas de acumuladores (baterías). Pero antes, en su provincia natal, había trabajado como fogonero de locomotoras en el central azucarero Washington y oficinista en su similar Estrella, en Camagüey, hasta 1939 en que decidió irse a la capital a confrontar a la vida.

En la época en que Cepero Brito se iniciaba en la radio no existía en Cuba la profesión de locutor. Quienes hablaban al éter se limitaban a anunciar productos y presentar números musicales y se les denominaba anunciadores. Fue en septiembre de 1940 cuando la profesión adquirió personalidad propia y se estableció el título oficial de locutor de radio. Él fue primero en examinarse y recibir el título, no se sabe por qué, marcado con el número cinco.

Cinco años después, obtuvo su primera plaza fija como locutor y lo hizo precisamente en una de las emisoras más importantes de la época en Cuba: la CMQ, que cuando aquello tenía sus estudios en la intersección de la calzada de Monte con el Paseo del Prado (hoy de Martí).

Allí asumió las distintas facetas de la profesión: locutor comercial, narrador de novelas, locutor de noticieros, moderador de paneles y otra donde se distinguió sobremanera: la de animador. Todo ello gracias a su calidad y carisma.

Al llegar la televisión a Cuba, en 1950, Cepero fue uno de los primeros en intervenir en aquella novedosa forma de comunicación, precisamente a instancias de los dueños de CMQ, que ahora expandían su negocio a la transmisión de imágenes.

Al triunfo de la Revolución Cubana, en enero de 1959, Cepero brindó su voz a la nueva era y empezó a sumar a sus labores la aparición en actos políticos y la información de los acontecimientos más importantes de la época, como la invasión mercenaria por Playa Girón.

Si hay un pináculo en su carrera, muchos afirmarían sin temor a equivocarse, que fueron dos programas de la Televisión Cubana: el humorístico Detrás de la fachada, en el que compartió la animación con esa otra entrañable artista que fue Consuelo Vidal, y Escriba y lea (aún presente en la programación televisiva) del que fue fundador como moderador de un panel de eruditos que responden incógnitas enviadas por los televidentes.

Antonio Gades

El bailarín y coreógrafo Antonio Esteve Ródenas murió, víctima del cáncer, el 20 de julio de 2014 en Madrid, España, pero por voluntad propia fue cremado y sus cenizas trasladadas a Santiago de Cuba, donde ahora reposan en un mausoleo junto a los héroes del II Frente Oriental. Gades había nacido en la localidad española de Elda, Alicante, el 16 de noviembre de 1936.

Su carrera artística se inició en Madrid, cuando apenas entraba en la adolescencia, descubierto por la bailarina Pilar López quien lo contrató para trabajar en el circo Price, pero con el tiempo llegó a ser una celebridad en la danza.

Como primer bailarín, coreógrafo y director de compañías, recorrió el mundo recreando con el baile obras famosas de la literatura como El amor brujo, Bodas de sangre o Fuenteovejuna. También intervino en el séptimo arte en cintas cuyo argumento se sostiene sobre todo en la danza como Flamenco y Bodas de sangre, Carmen y El amor brujo, estas últimas dirigidas por el destacado cineasta Carlos Saura.

Sin embargo, no saltó al estrellato desde la cuna. Hijo de gente humilde (el padre era albañil) tuvo que trabajar desde niño para ayudar a su familia. Así fue botones de un hospedaje y aprendiz en el diario madrileño ABC.

A principio de la década de los 50 del siglo XX integró la compañía de Pilar López luego de recibir clases de su primer bailarín, Manolo Vargas, y con esta protagonizó en diversos lugares del orbe obras clásicas como El sombrero de tres picos, El amor brujo o El concierto de Aranjuez. De esa etapa data su primera creación: Ensueño. Fue precisamente Pilar López quien le sugirió en nombre artístico Gades.

Su vida amorosa fue intensa. Se casó cuatro veces y además tuvo varias relaciones menos formales. Sus dos primeros hijos fueron fruto de su unión con una bailarina de su compañía llamada Pilar San Clemente. Más tarde se casó en Cuba con Pepa Flores, con la que procreó tres hembras.

El trabajo llevó a Gades por diversos países de Europa, Asia y las Américas como primer bailarín, coreógrafo, director de varias agrupaciones y maestro de cuerpos de baile.

Después de 23 años de fructífera trayectoria, en junio de 1975 anunció su retirada. Pocos meses más tarde disolvió la compañía y se retiró, pero después volvió a aparecer en la escena y en el celuloide.

En 1977 y 1978 bailó durante una gira que realizó Alicia Alonso por Estados Unidos y la mayor de las Antillas, estrenando en La Habana, Ad libitum con el Ballet Nacional de Cuba.

En 1978 se convirtió en director del Ballet Nacional Español, pero fue cesado por el Ministro de Cultura en 1980, a la vez que se disolvía el ballet por carecer de entidad jurídica.

Por sus méritos Gades fue acreedor de múltiples premios, entre ellos: el de la Crítica; el Premio Homenaje del Gobierno argentino; el de Dirección Coreográfica de la Asociación de Directores de Escena; el Vicente Escudero de danza y coreografía; el Carmen Amaya; el Premio Nacional de Teatro de 1970 al mejor ballet español; el del Gran Teatro de La Habana; el Luigi Tani y la Orden José Martí, máximo galardón que otorga el Gobierno cubano, que le fuera entregado por el Comandante en Jefe, Fidel Castro.

Con información de Ecured

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