Crónica de lunes: Una mujer de martillo y cincel

Rita Longa y algunas de sus obras más conocidas. Collage: Gilberto González García

Rita Longa y algunas de sus obras más conocidas. Collage: Gilberto González García

Elegantes formas de piedra, yeso, cristal, cobre o bronce, ubicadas en lugares claves de Cuba, dan fe de la vida y el trabajo de una mujer que supo empuñar el martillo y el cincel para perpetuarse más allá de la vida terrenal.

Quizás la obra más conocida de esta autora sea la familia de ciervos que adorna la entrada del parque zoológico de La Habana, en la avenida 26 del Nuevo Vedado.

No menos emblemática es la Virgen del Camino que observa displicente el tránsito del tiempo y la gente desde su pedestal en el lugar donde se dan la mano los municipios de San Miguel del Padrón, Guanabacoa y 10 de Octubre.

Y qué decir del famosísimo gallo que guarda celosamente la entrada de la ciudad de Morón en la actual provincia de Ciego de Ávila.

El buen entendedor ya se habrá dado cuenta de que se trata de Rita Longa Aróstegui, considerada figura cimera de la escultura cubana en el siglo XX, quien gracias a su maestría ganó el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1995.

Rita nació en La Habana el 14 de junio de 1912 y falleció el 29 de mayo del 2000 en la misma ciudad.

Su inclinación por las artes plásticas surgió desde muy temprana edad. Al terminar el bachillerato, en 1928, matriculó el segundo año de la Academia de San Alejandro, donde recibió clases del profesor Juan José Sicre durante dos cursos. Más tarde, en el Lyceum de La Habana, estudió con la escultora Isabel Chapotín durante algunos meses del año 1930, pero primó en ella una formación básicamente autodidacta, y siempre se concibió a sí misma como una exploradora de nuevas formas.

Entre sus obras más conocidas se encuentra también la bailarina del mundialmente famoso cabaret Tropicana, la aldea taína de Guamá, en la Ciénaga de Zapata, al sur de Matanzas, la Fuente de las Antillas en la provincia Las Tunas, el grupo escultórico que flanquea la entrada principal del Museo Nacional de Bellas Artes en La Habana o las nueve musas que adornan las paredes del teatro Payret, por solo citar algunas.

A lo largo de su carrera participó en más de 10 exposiciones colectivas en estados Unidos, Europa y el Caribe, además de diversas muestras personales organizadas en Cuba desde fines de la década de los años 20 hasta 1997.

También fue acreedora de numerosos premios, entre los que no pueden dejar de mencionarse, además del Premio Nacional de Artes Plásticas, la Medalla Alejo Carpentier, la Orden Félix Varela y varios primeros lugares en concursos, tanto dentro como fuera de Cuba.

Rita Longa fue una mujer de martillo y cincel que dejó una impronta difícil de igualar.

(Con información de EcuRed)

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