Cuba, qué linda es Cuba: todo un himno a la patria

Diseño: Gilberto González García

El 26 de enero de 1959 fue compuesta por Eduardo Saborit la canción Cuba, qué linda es Cuba, una de las piezas musicales emblemáticas cubanas, todo un himno a la Revolución que recién había triunfado.

Eduardo Saborit Pérez fue un destacado guitarrista y compositor nacido el 14 de mayo de 1911 en la ciudad de Campechuela, perteneciente a la actual provincia Granma.

Su padre, Eduardo Saborit Rodríguez, era músico de profesión, director de bandas y arreglista de música para órganos, y su madre, Pilar Pérez, era ama de casa.

Tras el triunfo de la rebelión comandada por Fidel Castro, Saborit compuso temas musicales relacionados con ese importante evento y otros, como la Campaña de Alfabetización, la Lucha Contra Bandidos, la fundación de organizaciones en defensa de la patria, entre otros aspectos, los que de manera magistral dejó plasmados en su obra.

El desarrollo de la cultura en Campechuela, en la época en que nació, se manifestaba en lo fundamental a través de agrupaciones de pequeño formato y la existencia de aulas donde se impartía música como principal arte de la zona.

Maestros de esta especialidad, como el padre de Eduardo, Crecencio Rosales y Manuel Jerez Hidalgo, hacían de niños y jóvenes verdaderos virtuosos de la música de la época, sobre todo la clásica y la popular, muy usada en las fiestas del momento.

Con todos esos antecedentes, no resulta raro que Eduardo Saborit aprendiera el pentagrama desde niño.

Siempre mostró un carácter alegre y jovial, entusiasta y atento, sentía gran predilección por la música, por lo que pronto formó parte de la Banda Municipal de Conciertos de Campechuela, donde tocaba su padre. Su instrumento era la flauta.

Siendo muy joven, Saborit se bañó en una laguna de aguas contaminadas y contrajo el tifus, lo que provocó un cambio rotundo para su vida. Sobrevivió al padecimiento pero le fue suspendida, por prescripción facultativa, la ejecución de los instrumentos de viento a cuyo estudio, hasta ese momento, se había dedicado.

Debido a su profundo amor por la música y para no quedar alejado de ella, comenzó los estudios de guitarra clásica como una forma de entretenimiento. Sin embargo, ya en su juventud llegó a ser un buen guitarrista.

A pesar de su aptitud musical se empleó también como barbero para obtener los necesarios ingresos, pero continuó participando activamente en las actividades culturales que se organizaban en la localidad de Niquero, a la que se había trasladado en compañía de su familia. Allí conoció a quien se convertiría en su profesor de guitarra, Crecencio Rosales, que resultó una positiva influencia en su consagración como músico y compositor.

En Niquero, Eduardo Saborit abrazó la causa revolucionaria y se integró al movimiento de militantes marxistas leninistas en 1935, lo que lo convirtió en enemigo del régimen, haciendo que tuviera que abandonar la localidad para trasladarse a Manzanillo, de donde debió huir de nuevo y se radicó en la ciudad de Camagüey donde, para ganarse el sustento, creó el trío La Clave Azul, integrado además por su cuñado Luis Raga y Teodoro Benemelis.

Un poco después incursionó en la radio, en la emisora Cadena Azul, de la central ciudad de Santa Clara, y cuando esa planta radial se trasladó hacia La Habana, Saborit viajó también como parte de su elenco.

En la capital cubana siguió componiendo y realizando programas en la emisora CMQ, exponiendo su repertorio campesino.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial se necesitaban artistas para estimular a los soldados en el frente y en los hospitales, Eduardo Saborit accedió al llamado y con su inseparable guitarra visitó varios países de Europa. Al retornar recorrió Cuba con su conjunto campesino.

Con el triunfo revolucionario, el primero de enero de 1959, dedicó su vida y obra a los logros de la Revolución, es así como compuso varios himnos que respondían al momento histórico vivido. Tuvo participación en la Campaña de Alfabetización, fungiendo como asesor, compuso la canción Despertar, inspirada en una carta que le envió un joven campesino a Fidel, expresándole su agradecimiento por haber aprendido a leer y a escribir, y compuso, además, la música del Himno de la Alfabetización.

Visitó Hungría, Alemania, Finlandia, España, Francia y la antigua Unión Soviética; en el balneario de Sochi, al realizar un recuento de sus viajes, durante tanto tiempo alejado de su querida patria, fue que compuso la canción que lo inmortaliza: Cuba, qué linda es Cuba, que fue aplaudida en el XVII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, interpretada por un coro dirigido por Cuca Rivero.

El 5 de marzo de 1963, a la edad de 52 años, le sorprendió la muerte producto de un infarto. Con su deceso perdió la música y la Revolución cubanas uno de sus mejores y más altos exponentes que supo colocar su obra al servicio de la patria. El duelo fue despedido por el poeta Jesús Orta Ruiz, El Indio Naborí.

¡Cuba, qué linda es Cuba!

Oye, tú que dices que tu patria no es tan linda,
oye, tú que dices que lo tuyo no es tan bueno,
yo te invito a que busques por el mundo,
otro cielo tan azul como tu cielo.

Una luna tan brillante como aquella
que se filtra en la dulzura de las cañas,
un Fidel, que vibra en la montaña,
un rubí, cinco franjas y una estrella.

Un Fidel, que vibra en la montaña,
un rubí, cinco franjas y una estrella

(Estribillo)

Cuba, qué linda es Cuba
quien la defiende la quiere más.

Cuba, qué linda es Cuba
Quien la defiende la quiere más

Quien te defiende mi Cuba bella
Quien te defiende, te quiere más

(Estribillo)

Ahora el guajiro vive contento,
Vive feliz en comunidad
¡Qué linda es Cuba!

(Estribillo)

Un Fidel que vibra en la montaña
Un rubí, cinco franjas y una estrella

Cuba, qué linda es Cuba, interpretada por La Colmenita

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