Este sábado, habiendo quedado atrás, pero tan cerca aún, el día que marca al aniversario de la épica campaña que libró a Cuba del flagelo del analfabetismo, se impone escribir acerca de la educación en este sitio.
Es que ambos conceptos están íntimamente imbricados porque la primera forma parte integral e indispensable de la segunda; es decir, sin educación no puede haber cultura.
José Martí escribió sobre la necesidad de “abrir una campaña de ternura y de ciencia, y crear para ella un cuerpo, de maestros misioneros”. Esto, ni más ni menos fue la Campaña de Alfabetización orientada por Fidel Castro y en la que esos maestros misioneros, como los designara el Apóstol, fueron niños, adolescentes y jóvenes que formaron parte del ejército para hacer la guerra al monstruo de la ignorancia y que, como en todas las guerras, algunos de ellos dejaron sus preciosas vidas.
Pero el balance final fue positivo y la tristeza del pueblo por esas injustas muertes no alcanzó a empañar la alegría por la victoria, declarada por el máximo líder cubano el 22 de diciembre de 1961 en la Plaza de la Revolución José Martí.
El diccionario define la palabra cultura como el resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos. Cultura es todo complejo que incluye el conocimiento, el arte, las creencias, la ley, la moral, las costumbres y todos los hábitos y habilidades adquiridos por el hombre no sólo en la familia, sino también al ser parte de una sociedad como miembro que es. Y cuál es si no la función de los maestros, llevar a las nuevas generaciones todos esos conocimientos.
Pero cultura es mucho más, es el cambio, siempre hacia adelante y siempre hacia arriba, siempre hacia la mejora humana. Y por eso cultura es también revolución.
Y cómo hablar de revolución, de cultura, de educación y de magisterio sin mencionar a la reconocida actriz Corina Mestre, quien este 22 de diciembre fue galardonada con el Premio de Enseñanza Artística, otorgado por el Ministerio de Cultura de Cuba, por sus méritos alcanzados como pedagoga.
Según el jurado del lauro, Corina encarna el paradigma histórico de la enseñanza de las artes en el país, y algo más: refleja el altruismo y el desinterés por el cual también abogaron José Martí y Fidel Castro, pues esta inigualable cubana nunca ha recibido remuneración económica por su labor pedagógica.
El jurado reconoció la meritoria labor de la actriz como maestra que no solo enseña la técnica, sino la ética de la profesión, y también destacó su labor en la promoción de proyectos socioculturales en áreas rurales de Cuba y su defensa del principio de que la moral nos ha hecho ser lo que somos.
Y es que Corina es fiel y respetuosa apasionada del ideario martiano y fidelista, que, al igual que hicieron esos dos grandes de la historia, no exige a sus discípulos nada que ella no haya hecho primero, según expresara la viceministra de Cultura, Kenelma Carvajal.
Corina Mestre nació en La Habana el 12 de octubre de 1954. Desde muy pequeña gustaba de recitar y actuar. Ya a los cinco años declamaba los poemas de José Martí. Luego se fue adentrando en otros poetas como Pablo Neruda, y César Vallejo, para emprender un camino que la llevaría al teatro.
Graduada de Licenciatura en Artes Escénicas en 1981 en el Instituto Superior de Arte, fue alumna de Vladimir Pieshkin. En 1968 se vinculó al movimiento de la Nueva Trova, interpretando poemas y canciones y en 1970 al movimiento de teatro estudiantil, donde obtuvo premios en varios de sus festivales.
En 1981 comenzó a trabajar en el grupo Teatro Estudio que dirigía en aquel entonces Raquel Revuelta. Con esta compañía ha participado en más de 70 puestas en escena, destacándose en papeles como el de Bernarda Alba, de Federico García Lorca.
También ha incursionado con éxito en el teatro para niños, el cine, la radio y la televisión y no son raras sus apariciones en actos públicos de carácter político, donde declama con su peculiar estilo y su potente voz.
Su labor le ha ganado numerosos premios y reconocimientos, tanto en el ámbito nacional como extranjero. Entre ellos cabe destacar, el premio Caricato de Actuación en Televisión, en 1993; el premio Hola de la Asociación de Artistas y Críticos Hispanos de New York, en el año 2000; el premio de actuación femenina en el Festival Cervantino y en el festival de teatro de Moscú; otros premios de actuación en Venezuela, México, Portugal, Nicaragua, Angola, España y Estados Unidos.
También posee la medalla por el X Aniversario de la Fundación de la Nueva Trova y la medalla Nicolás Guillén, y las distinciones Majadahonda de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac); la Distinción por la Cultura Cubana; La Giraldilla, que entrega la Asamblea Provincial del Poder Popular de La Habana, y la Réplica del Machete del Mayor General Máximo Gómez, que otorga el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Sin duda alguna, el otorgamiento a Corina Mestre del Premio de Enseñanza Artística, este año, es un pretexto válido para el diálogo con nuestros lectores, cuando aún se escucha el eco de las exclamaciones de admiración a nuestros educadores en ocasión de su día.

