Dulce María Serret Danger, una figura que merece mayor reconocimiento

Diseño: Gilberto González García.

Diseño: Gilberto González García.

Pianista laureada en el extranjero y destacada maestra de música en Santiago de Cuba es su nombre, sin embargo, poco conocido fuera de su terruño natal, una más de las tantas injusticias de la historia.

Dulce María Serret Danger nació en la capital del oriente cubano el 12 de septiembre de 1898 y desde temprana edad demostró gusto y habilidades para la música, a la que entregó gran parte de su vida.

Cuando solo tenía nueve años inició su formación profesional en Santiago de Cuba y fue recomendada por el profesor camagüeyano José Marín Varona para ingresar en el Conservatorio Nacional de Música de La Habana, institución fundada y dirigida por el prestigioso compositor y pianista holandés, radicado en Cuba, Hubert de Blanck, quien estimuló y conformó su talento.

En 1915, el Ayuntamiento de la capital cubana le otorgó una beca para continuar estudios en el Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid. Dos años después, ya graduada, ofreció un recital ante los reyes de España.

Sus actividades profesionales se extendieron por la península ibérica hasta 1920, año en que se traslada a Francia, donde perfiló su formación y trabajó el romanticismo, la música antigua y la de los grandes compositores contemporáneos.

A pesar de su éxito en Europa nunca abandonó su sentido de cubanía y fue siempre una entusiasta defensora y divulgadora de la cultura de su patria.

En mayo de 1926 Dulce María regresó a la Isla llena de gloria y de éxitos y debutó ofreciendo un brillante concierto en el Teatro Nacional de Cuba, con sede en La Habana. El 15 de julio actuó en su ciudad natal, junto a su hermano Antonio Serret.

Su llegada a Santiago de Cuba estremeció a intelectuales y políticos del territorio, lo que dio lugar a la fundación del conservatorio, cuya dirección recayó precisamente en ella.

Además de directora de esta institución, ejerció el magisterio y como tal tuvo bajo su tutela a quienes llegarían a convertirse en notables músicos, como el maestro Harold Gramatges, quien integró la primera graduación del plantel.

La destacada pianista y profesora falleció el 30 de mayo de 1989 y como digno homenaje, la Asociación de Pedagogos en la oriental provincia creó la cátedra Dulce María Serret, de la cual Gramatges resultó elegido Presidente de Honor.

En el acto fundacional, el músico expresó su regocijo, pues la cátedra representa un reconocimiento a una figura tan insigne de la cultura nacional.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *