Una historia de amor entre un niño de corazón puro y una rosa mimada, un largo viaje con solo la posibilidad de un retorno incorpóreo, toda una galería de personajes marcados por ambiciones y manías… Eso y mucho más es la obra teatral El Principito que yo leí, traída a Cuba por la compañía colombiana Latonicalatero en ocasión del XV Festival Internacional de Teatro, La Habana 2013.
Interrogado por este periodista, Francisco (Paco) Contreras, director y actor de la compañía, comienza por explicar el por qué del extraño nombre de ese colectivo: “Corresponde a uno de los primeros muñecos que hicimos, un robot hecho de latón, y que se llamó Latonicalatero. Así el público empezó a llamar a la compañía «Los Latónicos». Entonces, quedamos bautizados, desde el 1974 o 1975 con el nombre del muñeco”.
Paco Contreras explica la decisión de traer esta obra al Festival de Teatro de La Habana: “Desde hace varios años queríamos llevar a escena la magia, la plástica y la poética del libro, lo más cercano posible a lo que nos propone Antoine de Saint Exupéry en el texto original. Lo traemos a Cuba por dos razones: primero porque es un premio de creación en Colombia y queremos compartirlo con el pueblo cubano y segundo porque el teatro negro realza la magia de la animación de los objetos. La luz negra nos permite estar como soñando, estar en la fantasía, en medio de la oscuridad”.
Según mi entrevistado los mayores retos enfrentados para llevar a teatro de marionetas el magistral cuento de Saint Exupéry fueron: “Convertir a tres dimensiones los diseños planos que hace el autor y hacer portable la utilería. Nuestra utilería es voluminosa pero la hemos hecho desarmable, de manera de poder moverla con mayor facilidad en transportes, tanto terrestres como aéreos”.
El director de Latonicalatero afirma haber escuchado una crítica hecha por una emisora local de La Habana, en la que dieron criterios satisfactorios de la puesta en escena. “El público la ha recibido bien y hay que aclarar que, si bien El Principito es una historia con elementos mágicos, es a la vez densa filosóficamente, es una historia de reflexión existencial, dirigida principalmente al público adolescente y adulto, pues es un libro que nos hace pensar acerca de lo transitoria y vaga que puede ser la existencia humana”.
El Principito que yo leí recibió en el 2008 el Premio de Creación de la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deportes de Bogotá. La obra ha circulado en algunos escenarios de Colombia, pero esta es su primera gira internacional: “Es un teatro que requiere absoluta oscuridad, luz negra, telones negros, piso negro, que no haya luces parásitas como flashes o celulares, y eso hace que su circulación sea restringida; no se puede representar en escenarios no convencionales como una escuela, un salón comunal o la calle, por ejemplo”.
En cuanto a planes inmediatos Paco adelanta: “Poner a circular algunas obras que tenemos en el repertorio; obras de teatro negro y animación de objetos acerca del conflicto armado colombiano, acerca de las mal llamadas «independencias» en nuestro país, también del impacto de los juegos electrónicos en la juventud. Lo importante para nosotros es que esas obras, algunas de las cuales ostentan también premios de creación, se representes en escenarios internacionales la mayor cantidad de veces posible y con la mayor variedad de público posible”.
El principito que yo leí, demostró ser del gusto del público, tanto infantil como joven y adulto, que ovacionó de pié al finalizar la representación, este miércoles 30 de octubre de 2013, en la sala Teatro Nacional de Guiñol de La Habana. Rieron con las escenas simpáticas y también corrieron algunas lágrimas ante el trágico desenlace, única posibilidad del Principito para reunirse con su amada rosa.
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