Fidel Castro es un hombre universal, no solo desde el punto de vista geográfico, sino desde el enfoque de sus ideas y sus acciones. Es por ello que no faltan en estos aciagos días declaraciones de personas que desarrollan los más disímiles oficios y profesiones.
En el pensamiento político de Fidel resalta la idea de impulsar a todo costo la cultura y la educación como herramientas fundamentales para el desarrollo social y económico, pues es obvio que personas sin instrucción no pueden obtener avances en la ciencia, la tecnología o la economía.
Queremos reafirmar la idea, y para ello conversamos con el profesor Juan Hernández Machado, galardonado en el 2012 con el Premio Nacional de Filatelia, quien es presidente del club filatélico del municipio del Cerro y colaborador de nuestra emisora y sitio web.
“Fidel se distinguió por la defensa de la cultura, incluso desde mucho antes del triunfo de la Revolución.
“Desde su etapa de estudiante universitario, después como abogado, en su histórico alegato conocido como La historia me absolverá. Durante la lucha guerrillera en las montañas de la región oriental de Cuba dedicó tiempo a elevar la cultura de los integrantes del Ejército Rebelde.
“A partir del triunfo de la Revolución comenzó a promover el desarrollo de todas las manifestaciones culturales y la educación, fundando escuelas de artes, casas de la cultura, organizaciones como la Unión de Escritores y Aristas de Cuba (Uneac) y atendiendo puntualmente cada planteamiento de los intelectuales.
“Todo ello para lograr que nuestro pueblo fuera uno de los más cultos del mundo, porque era consciente de que mediante la cultura se podía garantizar la defensa de la Revolución.
“Fidel nos enseñó a pensar y también por ello es muy certera la aseveración de que es el hombre más grande de los siglos XX y XXI.
“Por eso es importante que todos los que de una u otra forma intervenimos en el frente de la cultura sigamos desarrollando la política que él fundó y llevó adelante”.
Hernández Machado considera que para recordar a Fidel “lo primero es que tenemos que estudiar, garantizar que las nuevas generaciones estudien el pensamiento y la vida de Fidel, que lo conozcan a fondo.
“También llevar a la práctica sus enseñanzas, lo que implica convertirnos, cada uno de nosotros, un poco en Fidel. De nada vale que llevemos una flor un día a un acto, que pongamos una fotografía, de nada vale que lloremos un día, si con nuestro actuar diario no somos consecuentes con sus ideas.
“En estos momentos hay una palabra que es fundamental: unidad… en torno al Partido Comunista de Cuba, en torno a la Revolución. Esa sería nuestra mejor contribución para recordar a Fidel.
“En cuanto a la filatelia, recordarles a los padres, a los abuelos, a los maestros y profesores que los sellos, los sobres, las tarjetas y otras especies postales pueden ser un valioso vehículo para el aprendizaje de la historia, para ampliar el conocimiento sobre las vidas y las obras de los grandes hombres y mujeres de la humanidad. Que en el caso de Fidel Castro no faltan esos materiales y que a partir de ahora, estoy seguro de que se incrementarán”.
El entrevistado relata su participación en dos reuniones con el Comandante en Jefe cuando integraba un grupo pequeño de compañeros que trabajaban en la línea de las relaciones exteriores.
“Ahí vi detalles de la personalidad de Fidel que son geniales. Además de preguntarlo todo y precisarlo todo, en lo que yo llamo la cultura del detalle, también se daba cuenta del estado en que se encontraba cada uno de sus interlocutores.
“Recuerdo que en la primera ocasión, quienes participábamos llevábamos varios días sobrecargados de tareas, habíamos dormido poco y estábamos sometidos a un fuerte estrés.
“Él se dio cuenta y, en medio de la reunión, comenzó a pronunciar determinadas frases que nada tenían que ver con los temas que se estaban discutiendo, como alusiones al vestuario y otras características de los participantes.
“Eso hizo que se relajaran las tensiones y cuando se percató de que estábamos menos tensos volvió a profundizar en los temas fundamentales de la reunión.
“Cuando esta concluyó, cerca de la una de la mañana, Fidel esbozó una sonrisa pícara y le dijo a quienes nos dirigían: «Ustedes van a dejar que los compañeros descansen ¿verdad?»
“Una vez más tuvimos que decir: gracias Fidel, pues por aquella alusión, un poco en broma, un poco en serio, tuvimos la oportunidad de descansar unas horas antes de salir a cumplir la tarea que nos habían asignado”.
Cada cubano tiene algo de Fidel, es un poco de Fidel. Él no es un hombre… es todo el pueblo, y seguirá habitando en todos los corazones, transmitiendo sus enseñanzas, trabajando por el bienestar de la humanidad. Por eso, ser consecuentes con sus ideas y con el Concepto de Revolución magistralmente enunciado por él, es todo lo que tenemos que hacer para que su ejemplo siga vivo para siempre.

