A 117 años del nacimiento de Ernest Hemingway (Oak Park, 21 de julio de 1899 – Idaho, 2 de julio 1961), el poblado de Cojímar se inscribe como fuente de inspiración de El Viejo y el Mar, por muchos reconocida como la mejor obra de ficción del célebre escritor norteamericano.
Persona de excepcional sensibilidad, el Papa, como cariñosamente solían decirle sus amigos, supo percibir la magia del rincón, pues allí confluyen en simbiosis casi perfecta las corrientes del Golfo con las del capitalino río Cojímar.
La cercanía del océano, su olor peculiar y el murmullo de las olas, que una y otra vez llegan para luego retirarse al chocar contra los arrecifes, conforman el agradable entorno donde se enclava el hoy sitio turístico, situado en la ultramarina localidad del litoral este habanero, en uno de los 15 municipios de la capital de Cuba.
Desde el primer instante, el insigne hombre de letras quiso dar testimonio de esa impresión que quedó grabada en los anales de la literatura universal: “En una luminosa mañana de primero, donde el viento soplaba desde el este a través del restaurante abierto. A través de la terraza abierta miró el mar, de un azul profundo y con crestas blancas, entrecruzado por los barcos pesqueros que curioseaban en busca de dorados”.
Cuentan que a su llegada al pueblo de sencillos hombres de mar, en 1951, el célebre literato quedó fascinado con los atractivos del paisaje natural; mezcla de aguas saladas de azul intenso y vegetación siempre verde y abundante del trópico en los alrededores del río. Quizás ese fue el detonante espiritual que le despertó la musa e inmortalizó el escenario vivificado en su premiada novela.
Fue también allí, en el bar-restaurante La Terraza, de Cojímar, donde percibió el atractivo del sitio de leyendas, hasta hoy acumuladas y que perpetúan el recuerdo de haber contado con el escritor estadounidense entre los más asiduos comensales, inscribiendo el lugar entre los emblemáticos de la mayor Antilla, por su gastronomía especializada en pescados y mariscos, además de la abundante coctelería cubana.
Aún sin detenerse el tiempo los visitantes pueden experimentar esa sensación, mientras degustan las exquisiteces del lugar y a través de los ventanales de cristal dejan perderse la vista en lontananza, por encima del océano, para ver a los pescadores que regresan de su diaria faena, como testigos ocasionales del favorito rincón de Ernest Hemingway.


