
Juan Blanco. Foto: Internet.
El primero en Cuba en hacer música electrónica fue Juan Blanco Rodríguez, destacado compositor y con un registro de más de 200 obras que incluyen los espectáculos de multimedia.
A su genio no escapó la música coral, teatral, para danza, cine y hasta gimnasia, además de haber inventado un instrumento musical.
Nacido en 1919, en la zona de Mariel, que en aquellos momentos pertenecía a la provincia de Pinar del Río, comenzó a estudiar música allí, pero fue en el Conservatorio de La Habana donde se perfilaron sus conocimientos de la mano de José Ardevol y Harold Gramatges, quienes fueran sus profesores.
De igual forma, debe mencionarse su labor pedagógica en el Conservatorio Alejandro García Caturla, como director de la Banda del Estado Mayor del Ejército Rebelde y como crítico especializado en música para la sección Arte y Literatura, de la prestigiosa revista Bohemia.
Fue fundador de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y organizador de la Brigada Hermanos Saíz.
Sin embargo, lo que más se reconoce en la trayectoria de Juan Blanco es su labor como músico experimentador y pionero en la introducción en la mayor de las Antillas de la música electroacústica y electrónica, sin haber sido lo que en estos tiempos solemos llamar un “nativo digital”.
En otras palabras, durante su desarrollo profesional no existían los equipos electrónicos ni de procesamiento digital del sonido, no obstante, fue capaz de asimilar esos conocimientos y desarrollarlos.
Fue fundador en 1979 del Taller Icap de Música Electroacústica, que se convertiría en el actual Laboratorio Nacional de Música Electroacústica, y dos años más tarde organizó y presidió el Festival Internacional de Música Electroacústica Primavera, en Varadero.
En 1959 unió sus conocimientos con la vanguardia musical europea a través del escritor Alejo Carpentier, un gran conocedor del arte de los sonidos armoniosos, pero para Blanco aquello representaba, según sus propias palabras, un callejón sin salida, un concepto estrecho que se basaba en repetir lo que otros habían hecho ya, y eso no era lo que él deseaba.
Así fue que llegó al mundo digital, después de haber transitado un largo camino en el que se sucedieron etapas, en las que su trabajo estaba mayoritariamente enfocado en la llamada música culta y en el piano como instrumento básico o en las expresiones más nacionalistas.
Igualmente, cabe resaltar que ocupó cargos que lo acercaban más a las labores burocráticas que a las creativas. Fue director nacional de Música del Consejo Nacional de Cultura, asesor musical del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (Icap) y de la Casa de las Américas, guionista y conductor de un programa sobre música contemporánea en la emisora radial CMBF y vicepresidente de la sección cubana del Consejo Internacional de la Música, perteneciente a la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), entre otras.
Su muerte, el 10 de junio de 2008, no privó a Cuba de uno de los mayores exponentes de la cultura –como suele decirse– pues su legado perdura y sirve de base a la vanguardia musical de la isla y acicate a aquellos creadores que verdaderamente aman y respetan el arte.
