Judith Llanio es locutora en las emisoras Radio Taíno y Radio Progreso, ambas con alcance nacional y cuyas plantas matrices se encuentran en La Habana, pero, como sucede con casi todos los artistas, no se conforma con incursionar en una sola manifestación y por eso es también aficionada a la fotografía. Conversamos con ella para saber más acerca de su exploración en el arte de capturar imágenes con su cámara.
Primero quisiera que nos relatara cómo se despertó en usted la afición por la fotografía.
“Yo me considero una soñadora a través del lente, desde la primera vez que tuve la oportunidad de tocar una cámara, y eso fue justamente en mi infancia. Mi mamá tomaba muy buenas instantáneas; me refiero solamente a las imágenes familiares, y yo jugaba con las cámaras que había en la casa, entre ellas una Lubitel.
“Mi mamá me había habilitado una pequeña alcancía. Habían llegado a Cuba las cámaras Zenith, de la Unión Soviética, y yo quería comprarme una. Entonces ella me completó el dinero y así tuve mi primer aparato, digamos lo más parecido a una cámara profesional.
“Yo estaba finalizando mi carrera universitaria, en el año 1989 o 1990 cuando, a través de una amistad, llego a la Unión de Periodistas de Cuba donde comienzo a recibir un curso de fotografía a cargo de Félix Arencibia, que era el profesor principal, ya que tuve la dicha de recibir clases de grandes artistas de la imagen como Alberto Korda, a los que Arencibia invitaba de acuerdo con el tema que se fuera a impartir.
“Yo me convertí prácticamente en la sombra… en el negativo de Félix Arencibia, que cuanto evento había, allá iba yo con mi cámara porque él me abrió muchísimas puertas y me permitió estar en muchos lugares, hasta haciendo making of de películas que se filmaban por aquella época.
“No obstante nunca hice en esos tiempos una exposición, porque la fotografía es un hobby caro; las cámaras son costosas al igual que imprimir y montar las fotografías. Para poder autofinanciarme todos esos gastos comencé a hacer fotos en bodas, cumpleaños, fiestas de 15 años y en cuanto evento me invitaran.
“Cuando llegó la revolución digital yo me había quedado con una buena máquina, una Nikón F-80, que era en parte electrónica, pero no hacía fotos digitales y no tenía computadora, así que me vi paralizada. Durante más de 10 años no pude tocar una cámara; pero la vida continúa rodando y empezaron a llegar a mis manos camaritas pequeñas, seguía sin computadora para concluir el proceso digital, así que tuve que conformarme con los tenía.
“Hace unos cinco años llega nuevamente a mis manos una cámara digital; ya tenía una computadora, así que tuve que volver a estudiar, esta vez de manera autodidacta, para actualizarme en conceptos y aprender a utilizar ciertas herramientas que yo desconocía.
“Aunque yo sigo apegada al principio de la fotografía clásica, siempre se hacen necesarios ciertos retoques a las imágenes, ya sea en el brillo, en el contraste… Yo no me encargo de hacer grandes transformaciones con el Photo Shop aunque he tenido que dedicar muchas horas a la computadora pues es imprescindible dominar la técnica, porque no se puede fluir, no se puede tener una verdadera creación artística si no se domina el instrumento de que uno dispone”.
¿Cuáles son los temas que prefiere fotografiar?
“Los temas relacionados con la sociedad, aunque también me gusta mucho los de la naturaleza. Yo colaboro con la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre y con el parque nacional Alejandro de Humboldt de la provincia de Guantánamo y por estos motivos voy con cierta frecuencia a Baracoa.
“Estoy involucrada en el inventario de especies marinas que se está llevando a cabo en esa zona, el primero que se realiza en la región más oriental de Cuba. Eso me ha permitido llegar a parajes desconocidos de la geografía insular; adentrarme en comunidades a las que muy pocas personas van, y eso me coloca en una posición –me atrevo a decir– de ventaja respecto a otros fotógrafos que también viajan por todo el país y hacen trabajos en lugares intrincados.
“Es la parte de esta labor que me fascina, porque me encanta ir a Baracoa y tomarle fotos a estas personas que tan espontáneamente me permiten entrar en sus vidas a través del lente; además de las vistas maravillosos que regala esa región, el complejo montañoso Nipe-Sagua-Baracoa, las Cuchillas del Toa, paisajes de los cuales vivo enamorada.
“Entonces, me regala fotos, me las pone simplemente ahí, delante del lente. Pero también las pequeñas cosas, porque no solo retrato los grandes ambientes, también los hongos que nacen en las plantas, los insectos, las flores…
“Por otra parte soy habanera. No puedo renunciar a hacer fotos a esta ciudad que vivo, que sufro, que me da alegrías y me regala imágenes constantemente”.
¿Ha participado ya en alguna exposición o concurso?
“Sí, en un inicio de mi carrera solo había participado en una muestra colectiva. Recientemente, en el 2016, fui parte de otra exhibición de igual clase como resultado de la expedición que se hizo a Salto Fino, en el río Toa, con la Fundación Antonio Núñez Jiménez, cuyas imágenes se expusieron en formato electrónico en un centro de la Oficina del Historiador de La Habana.
“Recientemente tuve la oportunidad de hacer una pequeña muestra personal, junto a una charla, en Estados Unidos y fue algo muy grato pues las imágenes de Cuba suscitan mucho interés y son muy bien recibidas en esa nación.
¿Proyectos para el futuro?
“El más inmediato es para junio de 2017, una muestra personal en la galería de arte municipal de Centro Habana”.
¿Cómo ve su futuro como fotógrafa?
“Siempre hay muchas dificultades, es complicado tener un montaje, aunque sea austero, pero siempre tiene que ser digno y sobre todo creativo. Sin embargo me muestro optimista, tengo muchos planes, muchas ideas; dedico muchas horas a las imágenes, primero a tomarlas, luego a procesarlas; a pensar en los proyectos. Luego los pongo debajo del brazo y toco todas las puertas que se ponen delante… siempre hay una que se abre”.
Entonces, no queda más que llamar la atención de las instituciones y organismos que puedan brindar un apoyo y quizás también beneficiarse con el trabajo de esta fotógrafa, Judith Llanio, una artista que no se conforma con el buen uso que hace de su voz, a través de la radio, y también trasmite emociones mediante las imágenes.








