La cultura es uno de los principales derechos que deben disfrutar los seres humanos; no solo la cultura vista como el conjunto de las manifestaciones del arte, sino la cultura general integral, que abarca también los conocimientos y la información.
El Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro, tenía ese concepto muy claro y así lo expresó en múltiples ocasiones. El 19 de octubre de 2002, en la inauguración del décimo octavo Festival Internacional de Ballet de La Habana, expresó: “Sin cultura no hay libertad posible. La certeza de ese pensamiento, que no se limita a la cultura artística, sino que implica el concepto de una cultura general integral, incluyendo preparación profesional y conocimientos elementales de una amplia gama de disciplinas relacionadas con las ciencias, las letras y las humanidades, alienta hoy nuestros esfuerzos”.
Y es cierto, e innegable, que el líder encaminó una importante parte de sus esfuerzos creadores a lograr lo que tenemos hoy: un pueblo que goza de un elevado estándar cultural.
Entre las primeras medidas que Fidel orientó para cumplir ese propósito estuvo la gran campaña por la alfabetización, en la que miles de jóvenes marcharon voluntariamente a las zonas más intrincadas de la geografía cubana para borrar la oscuridad de la ignorancia.
Esta campaña, que en diciembre de 1961 tuvo su culminación exitosa, no estuvo exenta de abonar una cuota de sangre, cuando varios jóvenes maestros fueron asesinados por los bandidos armados, financiados y alentados por el Gobierno de los Estados Unidos a través de la tenebrosa Agencia Central de Inteligencia y otras organizaciones no menos tétricas.
Pero el árbol de la cultura, abonado con la sangre de aquellos héroes juveniles y el sudor de otros miles de abnegados, ha dado sus frutos; hoy Cuba está sembrada de escuelas elementales, universidades, institutos y otros centros de enseñanza, en muchos de los cuales se forman artistas de todas las manifestaciones de manera totalmente gratuita.
Hoy el país cuenta con organizaciones que aglutinan y protegen a esos creadores, como la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y otras instituciones como la Sociedad Cultural José Martí realizan una importante labor de acompañamiento a los ministerios de Educación y de Cultura para mantener e incrementar ese elevado estándar cultural.
Y esa parte que se circunscribe a las manifestaciones como la música, la danza, la literatura, el teatro o las artes plásticas, viene a ser como otro de los muchos bienes subvencionados que el Estado entrega a la población, porque existen innumerables espacios para el disfrute de las artes a los que el público puede acceder sin tener que pagar un solo centavo, mientras que los artistas que los hacen funcionar perciben una remuneración.
Así, se puede apreciar que la cultura es otro de los derechos humanos de que goza el pueblo de Cuba, tanto creadores como receptores de los bienes culturales.

