Sentarnos a reflexionar un poco, en retrospectiva, para darnos cuenta de lo que teníamos ayer y tenemos hoy es una buena razón para este día en que recordamos a tantos y tan valiosos cubanos que, durante más de una centuria de luchas, entregaron su sangre generosa para hacer de este verde caimán un país digno y soberano en el que todos sus hijos tuvieran iguales oportunidades, más allá del color de la piel, el sexo o la cantidad de monedas que puedan tintinear en sus bolsillos.
Y como dijera Camilo Cienfuegos en su postrer alocución, ponernos de rodillas para decirles a todos esos mártires: “Hermanos, la Revolución está hecha, vuestra sangre no se derramó en vano”.
En su histórico alegato ante el tribunal que juzgara a quienes atacaran los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, aquel glorioso 26 de julio de 1953, Fidel Castro denunció el asalto brutal a una institución cultural por agentes del Servicio de Inteligencia Militar (Sim) del gobierno tiránico de Fulgencio Batista.
Y podría decirse que fue no más un hecho aislado, motivado por determinadas causas, aunque otros centros como la Universidad de La Habana habían sido y serían también después objeto de acciones represivas.
Pero no fue solo por esos hechos por los que tantos jóvenes fueron al combate en nuestros campos y ciudades. Había necesidad de hacer libres a los cubanos y la única manera de ser verdaderamente libres es ser cultos.
Entonces, la cultura, en su más amplia acepción, ha sido y es ocupación y preocupación constante de la Revolución cubana y ¡cuántas acciones se han llevado a cabo después de enero de 1959 en su favor!
Cosas que en el pasado, desde la colonización por España hasta el derrocamiento de la tiranía batistiana, podían ser solo sueños para los cubanos pobres.
Muchas instituciones se han fundado en favor del desarrollo cultural en la nación: casas de cultura, escuelas de artes, proyectos culturales, organizaciones que agrupan a los creadores, bibliotecas, centros de exposiciones, talleres y muchos más que superan ampliamente en número y diversidad a todos los creados desde 1492 hasta 1959, a pesar de todas las restricciones impuestas por la guerra sucia de Estados Unidos contra Cuba después de ese último año.
Por ello es importante que recordemos, no solo el 30 de julio, sino todos los días, a los mártires de la Revolución y les rindamos homenaje permanente; y la mejor forma de hacerlo es trabajar para lograr los propósitos por los que ellos dieron sus vidas.
Sentarnos a pensar ¿Qué más podemos hacer? ¿Cómo podemos lograrlo? ¿Cómo podemos evitar que la codicia de algunos y la desidia de otros empañen las acciones de nuestros gobernantes en favor de la cultura? ¿Cómo podemos defender, desde la creación artística, esta obra grandiosa y difícil que es el socialismo cubano?
Quizás ya no tengamos que volver a verter nuestra sangre. Tan solo poner nuestra sabiduría en función de la obra y trabajar con eficiencia y honestidad para que siga siendo realidad la frase de Camilo, porque la sangre de los mártires abona también el camino de la cultura cubana.

