
Arsenio Rodríguez. Foto: Internet.
Porque se merece un lugar en la eternidad, hablamos este sábado de la vida y obra de uno de aquellos grandes de la música cubana que el tiempo y las nuevas tendencias se empeñan en borrar de nuestro panorama cultural.
Se trata del tresero y compositor Arsenio Rodríguez, quien por sus grandes dotes musicales, a pesar de estar privado del sentido de la vista, se ganó el adjetivo de maravilloso.
Con su conjunto, Rodríguez marcó una pauta en la historia de la música cubana, una nueva etapa en la interpretación del son cubano, con más riqueza sonora y armónica, posibilidad que le daba la inclusión de una cantidad mayor de trompetas de las acostumbradas, un piano y tumbadoras, así como el destaque del cantante como solista dentro de la agrupación.
Al nacer, el 30 de agosto de 1911 en Güira de Macurijes, en la provincia de Matanzas, recibió por nombre Ignacio de Loyola Rodríguez Scull, pero no muchas personas saben esto, porque siempre fue conocido como Arsenio Rodríguez, el Ciego Maravilloso.
Su carrera se inició en 1936, cuando se unió al septeto Boston, que dirigía su primo Jacinto Scull, y en 1938 fundó el septeto Bellamar, donde, además de dirigir, interpretaba el tres.
Con esta agrupación, que fue la génesis de su conjunto, actuó en la academia de baile Sport Antillano y también en ese período grabó un disco con la orquesta Casino de la Playa; tocó en el cabaret Sans Souci con la banda de Tommy Dorsey y en Tropicana trabajó con Woody Herman.
Cuando se decidió a innovar en el campo de la integración orquestal lo hizo convencido de que el formato de septeto existente en aquel momento, con trompeta, guitarra y tres, no tenía la armonía necesaria y le agregó un piano, tres trompetas más y la tumbadora.
“Al año siguiente desaparecieron los septetos y todo el mundo usaba las tres trompetas y el piano”, explicó en cierta ocasión.
Pero no fue sólo la ampliación del formato instrumental lo que aportó, sino además —y esto quizás sea lo más importante— un nuevo repertorio y una mayor variedad de ritmos y conceptos armónicos que enriquecieron, no sólo al son, sino también al bolero, la guaracha y algunas combinaciones como el bolero-mambo y el bolero-cha.
Igualmente, entre los precursores del mambo, utilizó, desde sus primeras obras, según comenta el musicólogo Helio Orovio, “una base ritmática de origen congo, que mezclaba con pasajes instrumentales ejecutados por las trompetas, inspirados en figuraciones propias de los sones montunos tocados por los treseros orientales, que daban los elementos definidores del nuevo género al que Arsenio llama diablo.
En 1940 fundó, como un desprendimiento del septeto Boston, el conjunto que lleva su nombre y al que, en determinados momentos, pertenecieron otros destacados artistas, como los cantantes Marcelino Guerra y Miguelito Cuní, los pianistas Rubén González y Luis Martínez Griñán, conocido por Lilí; el trompetista Félix Chapotín, y el tumbador Arístides Soto, el popular Tata Güines.
Arsenio se radicó en los Estados Unidos en 1954 con la esperanza de que los avances científicos de aquella nación le devolvieran la vista. Allí siguió trabajando en su música y creó otros conjuntos y grabó nuevos discos, pero los especialistas consideran que su trabajo de esa etapa no fue tan brillante como el que había desarrollado en Cuba.
El Cieguito Maravilloso falleció el 31 de diciembre de 1971 en Los Ángeles, California, pero su impronta no termina, porque vive en lo más genuino de los ritmos cubanos.
Las innovaciones que hiciera fueron aprovechadas por otros muchos músicos a nivel mundial y sus temas reproducidos en innumerables ocasiones y así continuará mientras haya alguien que aprecie la buena música.
Más detalles los podrá observar en el siguiente video.

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