¿Quién fue Guiñol?

Hoy, que recién finalizó la segunda Bacanal de Títeres para Adultos de La Habana y uno de cuyos escenarios principales fue el Teatro Nacional de Guiñol, viene a la mente la curiosidad por saber quién es ese tal Guiñol, que tanto se menciona, relacionado con el teatro de marionetas.

Para hablar de él es necesario primero hacer un poco de historia acerca de los muñecos animados por hilos, alambres o los llamados títeres de guante que se manejan introduciendo una mano en el interior.

Sepa usted que el espectáculo titiritero se remonta tan atrás en la historia, que llega a la Grecia antigua, donde los muñecos animados eran denominados neuropasta, palabra que significa objeto puesto en movimiento por medio de cordeles.

Aristóteles habla de ellos y relata cómo se mueven, al igual que una persona viva, cuando el manipulador tira de las cuerdecillas.

De los griegos heredaron los romanos el teatro de títeres, según parece, como ocurrió con otros tantos elementos de la cultura y la religión, de ellos habla también el poeta y filósofo Horacio.

Según los estudiosos del tema, la palabra títere tiene origen onomatopéyico, pues los manipuladores acompañaban los movimientos de los muñecos con pitidos cortos de silbatos, mientras un narrador, fuera del retablo, iba describiendo lo que los personajes habían querido decir.

Por su parte, el nombre marioneta parece provenir de la voz falsa con la que los actores hacen hablar a los títeres. En francés, une marionette era un clérigo que en las representaciones religiosas donde aparecía la Virgen, aportaba su voz, haciéndola aguda para que pareciese femenina. Las marionetas hablan siempre con una voz aguda, chillona y falsa; salvo los personajes malvados que hablan con voz grave pero también falsa.

Ahora sí, podemos hablar de Guiñol. Su origen es francés. Se cuenta que nació en un gabinete dental de la ciudad de Lyon, allá por el año 1895, donde el dentista, nombrado Laurent Mourguet, inventó historias que representaba con títeres de guante para entretener a sus pacientes y hacerles olvidar el dolor.

Los personajes de aquel teatro de muñecos eran representaciones de gente del pueblo, con sus aspiraciones, calamidades y problemas, todo ello puesto en tono festivo y crítico para animar y entretener a los espectadores, grandes y chicos.

Guiñol (Guignol), era el personaje principal de esas representaciones. Era un trabajador de una fábrica de hilos de seda. Vestía una chaqueta corta, un bonete y llevaba una trenza. Su mujer se llamaba Madelon e iba tocada con un pañuelo a la cabeza. Había un tercer personaje llamado Gnafron que casi siempre estaba borracho; era zapatero y vestía delantal de cuero y gorra de seda.

Estos tres personajes tenían sus antagonistas en el juez y el gendarme. La representación terminaba siempre con los garrotazos que Guiñol y sus compañeros daban a esos antagonistas para regocijo del público. De ahí que a los títeres de guante comenzara a llamársele también títeres de cachiporra. De hecho suele ocurrir que al salir a escena ya lo hacen con el garrote debajo del brazo.

El dentista Mourguet llegó a ser tan querido por sus coetáneos que fue perpetuado su recuerdo con un busto levantado en una placita de la ciudad vieja de Lyon.

A quienes piensen que el teatro de títeres es un arte menor, podemos decirles que se equivocan diametralmente. Escritores, músicos y hasta pintores famosos, brindaron su aporte a estos monigotes animados. Algunos ejemplos son: El poeta y dramaturgo alemán Goethe, quien publicó tres dramas moralizantes para marionetas; los músicos Christoph Willibald Ritter von Gluck y Franz Joseph Haydn, que compusieron en Austria varias obras para los teatrillos; la escritora francesa Amandine Aurore Lucie Dupin, baronesa Dudevant, conocida como George Sand, que ayudada de su hijo Maurice, creó su propio teatro de marionetas en el que colaboraron artistas como el pintor Eugène Delacroix, el escritor Honoré de Balzac y los músicos Georges Bizet y Franz Liszt.

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