
Algunas de las deidades que exhibe el Museo-Templo de los Orichas en La Habana. Foto: Sitio web del Museo-Templo de los Orichas.
El Museo-Templo de los Orichas, único de su tipo en el mundo, exhibe en la capital cubana representaciones de los ancestros africanos y sus leyendas.
Ubicado en el Casco Histórico de La Habana, el espacio regala tanto a los ojos inexpertos, como a los conocedores de la temática una treintena de efigies de las deidades más representativas que han trascendido hasta la actualidad.
Además de las esculturas de los antepasados, la institución con sede en la Asociación Cultural Yoruba de Cuba (ACYC) muestra una imagen del sistema adivinatorio Oráculo de Ifá y exposiciones fotográficas, y ofrece servicios de guía especializada bilingüe (español e inglés) y consulta de literatura religiosa.
Mercedes Armentero, quien dirige el lugar hace tres años, puede detallar la historia del museo, creado en el año 2000 “para dar a conocer al pueblo cubano conociera cómo eran realmente los Orichas originarios, pues apenas se conocían sus características físicas y la transculturación provocó que algunos, todavía hoy, sean llamados por otros nombres”, dijo.
Los ejemplos, según la especialista, los encontramos en la cotidianidad, cuando a Yemayá le decimos también Virgen de Regla y a Ochún se le reconoce como la Virgen de la Caridad del Cobre.
Según explicó “existen 401 Orichas, el museo cuenta con representaciones aquellos que más influencia tienen en las religiones de origen africano practicadas en el país”.
También señaló “la mayor parte del conocimiento llegó a la actualidad en la mente y en los corazones de los esclavos africanos, que aún lejos de su hogar, siguieron adorando a sus santos en secreto”.
El artista de la plástica Lázaro Valdés fue el encargado de realizar la esculturas de Eleguá, Echu, Ogún, Ochosi, Osun, Changó, Yemayá, Ochún, Olokun, Naná Buruku, Babaluayé, entre otras en las que utilizó el barro como fuente fundamental para lograr réplicas de las imágenes en diversas regiones de Nigeria, Benin y Togo.
Armentero afirmó que “reciben personas de varias denominaciones religiosas, otras que no son creyentes, e incluso, personas de África que se sorprenden por la calidad y el parecido de las esculturas con las suyas, en los santuarios originales”.
Religiosa practicante, la fundadora de la ACYC comentó que “los grupos de visitantes tienen siempre muchas expectativas, sobre todo cuando proceden de otros países, porque es el único museo yoruba del mundo”.
