Virgilio Piñera: el imprescindible

Foto: Cadena Agramonte

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Hay personas que marcan pautas, hitos en la historia de una nación, e incluso del mundo entero. Seres que llegan a la Tierra con el destino manifiesto de dejar un trazo indeleble en la política, la ciencia o la cultura.

Cuba ha sido testigo del nacimiento y la obra de muchos de esos genios y en esta reseña se trata precisamente de uno de ellos, de quien podemos asegurar que –de no haber existido– la narrativa, el teatro y la poesía cubanos no hubieran sido lo que son.

Y aunque en esta verde isla hay muchos literatos excelentes, es muy posible que el lector haya adivinado ya que se trata de Virgilio Piñera, uno de los autores más originales de la literatura cubana.

Nacido el 4 de agosto de 1912 en Cárdenas, provincia de Matanzas, Virgilio llegó a la capital de Cuba en 1938, donde obtuvo, dos años más tarde, el título de Doctor en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana.

Entre sus obras más conocidas está, sin dudas, Electra Garrigó, una parodia en tono de sátira sobre el mito helénico de Electra, estrenada en 1948 que en su momento provocó polémicas y protestas, pero que con los años se ha convertido en un punto de referencia.

También cabe destacar Aire frío, considerada por mucho como su mejor pieza, representada por vez primera en 1962 aunque estaba escrita desde cuatro años antes.

Ésta narra el drama, ocurrido durante 18 años, en el seno de una familia que se niega a integrarse a la corriente proletaria y vive en un mundo de valores que se desintegra.

Otras obras reconocidas de Piñera fueron Falsa alarma, Jesús, La boda, El flaco y el gordo, El filántropo y Dos viejos pánicos, con la que ganó el premio Casa de las Américas en el año 1967.

Virgilio bebió en dos importantes fuentes para formar su vocación literaria: el  profesor Felipe Echemendía y el escritor e investigador Felipe Pichardo Moya.

En 1935, en la ciudad de Camagüey, donde vivía a la sazón, escribió sus primeros poemas significativos y fundó una organización sin ánimo de lucro, cuya finalidad fundamental era la difusión de la cultura y entre cuyas tareas estuvo la presentación en esa ciudad del grupo Teatro de Arte La Cueva.

En 1941 se publica su primer poemario, titulado Las furias, en los cuadernos Espuela de Plata que dirigían, el escritor José Lezama Lima, el crítico de arte Guy Pérez Cisneros y el pintor Mariano Rodríguez, donde aparecieron posteriormente otras de sus obras.

Algunas aparecen también en antologías como la titulada La poesía cubana aparecida en 1936, compilada por Juan Ramón Jiménez, donde se incluye su poema El grito mudo.

A Virgilio Piñera se le conoce además por ser un relevante investigador y orador, con innumerables conferencias impartidas y varios ensayos escritos.

Por otra parte participó en la fundación y dirección de múltiples publicaciones y colaboró con otras a lo largo y ancho de las américas y Europa.

En Buenos Aires, Argentina, trabajó como funcionario del consulado cubano; como corrector de pruebas y más tarde como traductor de la editorial Argos.

Su estancia en esa nación y el continuo enriquecimiento de su obra marcan ese período, en que conoció de cerca el quehacer de algunos de los maestros de la literatura argentina de esos momentos y publicó en importantes revistas, entre ellas Sur, para la que Jorge Luis Borges le solicitó colaboración.

Algunos de sus cuentos y de sus poemas han sido traducidos al inglés, italiano, alemán, ruso, húngaro, polaco, y otros idiomas.

El triunfo de la Revolución Cubana permitió la publicación de numerosos ensayos y artículos críticos de Piñera en el diario Revolución y su suplemento Lunes de Revolución, páginas controversiales y de apasionados juicios sobre sus contemporáneos y algunos autores del pasado.

El poeta, narrador y dramaturgo Virgilio Piñera, uno de los exponentes más relevantes de la literatura cubana, falleció en La Habana, a los 67 años, el 18 de octubre de 1979, a causa de un infarto cardíaco.

Para honrar su memoria, el Estado cubano creó un premio de teatro que lleva su nombre y numerosos grupos teatrales llevan a escena sus obras, o las versionan otros importantes dramaturgos, no dispuestos a dejar que muera en el olvido ese gran hombre que trazó una pauta en la literatura cubana.

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