De anécdotas de José González Barros

El periodismo siempre debe estar comprometido con la verdad. Foto: Internet.

Ahora, cuando el Concurso Nacional de Periodismo Deportivo José González Barros correspondiente a 2017 ha sido convocado, estimo oportuno relatar varias anécdotas relacionadas con ese maestro de la profesión, que honra al certamen con su nombre.

Pepe, como le decíamos cariñosamente, ocupaba un puesto destacado entre los que me forjaban como ser humano y profesional hace 55 años. Mucho más allá de la sonrisa y la mano sobre el hombro, censuraba cualquier paso equivocado dado por mí en contenido o forma sobre las cuartillas y hasta en la vida personal, sin dejar de aprobar, lejos de la alharaca, cualquier acierto.

Cuando obtuve mayor madurez, me confesó: “Te llevé recio para cuidarte. Demasiadas loas a un joven periodista en sus comienzos, le hace daño, mucho daño (…)”.

Un colega de su generación, con el alma abierta al fulgor nuevo, narró a varios de los recién llegados al periodismo lo que ocultaba el ilustre veterano, lejos de la vanagloria, porque lo sentía como algo muy normal:

“La liga profesional de béisbol cubana acostumbraba, cuando terminaba el campeonato, a repartir un buen porcentaje de los ingresos entre los periodistas que la cubrían. Imagínense, un reino propicio para las manos atadas, más bien, los ojos y los oídos tapados y un cerrojo en la garganta ante las deficiencias. En periódicos, la radio y la televisión proliferaban adulaciones; se mentía, se agregaban numeritos positivos y calidad inexistentes a los players (jugadores) importados. La vista siempre estaba puesta en los pesos. Propio de la época, muchachos”, dijo.

Tomaba su acostumbrada tacita con café antes de proseguir:

“Cuando se lo propusieron, a González Barros el rostro se le puso rojo, parecía que iba a explotar. Explosión que lo llevó a decir: A mí nadie me compra, antes de mostrar la espalda al personaje. Así  era; así es Pepe”.

Cierto. Fui testigo varias veces de la honradez de uno de mis mejores profesores, y no olvidaré jamás aquellas conversaciones con un funcionario que  intentaba convencerlo de que reflejara el gran avance alcanzado por el fútbol en el país.

Al no encontrar respuesta positiva a sus palabras, el individuo aumentó la presión en otras oportunidades y llegó a decirle que nuestro proceso necesitaba de ese apoyo proveniente de un periodista tan destacado como él. La contestación del aludido no se hizo esperar:

“A la Revolución no se le defiende con mentiras”.

José González Barros fue así hasta su último suspiro.

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