
Panamá volvió a acoger la cita regional en 1970. Foto: Internet.
Restablecida la frecuencia, cada cuatro años, los IV Juegos Centroamericanos y del Caribe tienen lugar en Ciudad de Panamá, del 5 al 24 de febrero de 1938. La secuencia se había roto debido al terremoto que lesionó a El Salvador y obligó a realizar los terceros en 1935.
Robustecen el programa la inclusión de varias disciplinas: levantamiento de pesas, polo acuático, ciclismo y frontenis. Aparecen el atletismo y la esgrima para las damas. Ya son 18 deportes y 1216 atletas (87 mujeres) de diez países que se baten en pos de las medallas: regresa Jamaica y son acogidas Venezuela y Colombia mientras duele la ausencia de los guatemaltecos.
A competir. Los jamaiquinos retornan sabroso. Brillan en las pruebas debutantes al encabezar el polo y terminar segundos en halterofilia cuando el pesista Oswald Charley es el hombre más fuerte por su triatlón de 328, 860 kilogramos en la división máxima convocada (90) y se titula Edgard C. Williams (75) al totalizar 301,664.
Los mejores entre los forzudos son los de la sede con dos de oro, tres de plata y dos de bronce, liderados por Chester Field, muy lejos del fumar, en los 67,5, y Ramón Hermidas, en los 82,5, con 297,108 y 285,768 kilos, respectivamente.
En frontenis conquista la mayor alegría el mexicano Gustavo Inzunza, quien triunfa además en dobles al unirse a Benjamín Morales, subtitular en individuales. Ese seleccionado no deja nada para nadie porque el bronce es para la raqueta de Antonio Pérez, y el dúo Ricardo Tovar y Benito Charris, obtiene plata.
Sobre las bicicletas resalta el istmeño Oscar Layne: amo del kilómetro contra relojy la velocidad. Mauricio Mata, de México, logra los cuatro mil metros de persecución individual, mientras por equipos triunfa el cuarteto morocho: Courlois, Heredia, Aide y De la Madrid. Los imita en la ruta su compatriota Teodoro Capriles, que recorre solo la distancia: no se presentaron rivales; escaño plateado en la contra reloj, tercero en velocidad.
El luchador cubano Rafael Bárcenas, dueño de los 90 kilos, vuelve a reinar como en San Salvador 1935, aunque es contra un solo contrincante, el panameño José Granuci, que se viste de plata.
Francisco Escobar limpia el “forro” delecuatoriano Luis Alcivarque contendió en el clásico de 1935 por la Mayor de las Antillas y resultó el más rápido al cronometrar 1,05,3 en los 100 metros estilo libre. Ahora este cubano verdadero vence con 1,04,2.
Alberto Raurell es el uno en 400 y mil 500 metros. Para redondear el éxito del seleccionado antillano, Isidro Cordovés es el as de los 100 de espalda y Oscar Martínez en los 200 de pecho.
Si de natación se habla, palabras elogiosas para Olga Luque de nuevo, heredera de la gloria de su padre Adolfo: gana los combates de la libre en 100 y los 200 de pecho y forma parte de las vencedoras en el relevo 4×100 con Ruth Gil, Margaret Chapman y María Carlota Llanio.
La Gil vence en los 400 estilo libre, seguida por Rosa Antichy la Chapman. En 100 de espalda, su compatriota Edilia Gil; la Luque y Melba como contrincantes más potentes.
Margaret, plata en la menor distancia convocada; Ruth, bronce. Segunda en 200 de pecho, otra cubana: Melba García. Como clavadista, la Chapman repite en las dos especialidades: en esta oportunidad no enfrenta oponentes, pese a ello se le conceden las preseas.
Continuará…
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