
Pablo de la Torriente Brau. Foto: Cubadebate
La Habana, 1930. Los II Juegos Centroamericanos y del Caribe ya viven. Pablo de la Torriente Brau los reporta. Lo que escribirá será lección para periodistas y literatos. También para lectores. No por gusto Enrique José Varona decía que más que escuelas de periodismo había que abrir escuela para lectores.
El muchacho que cayó en Majadahonda el 19 de diciembre de 1936 por la República hispana, anota, crea, disfruta sobre las cuartillas al enlazar con palabras lo que sucede en campo, pista, piscinas, diamantes…en especial para la Revista de La Habana (no.1, abril, 1930), bajo el título Las olimpiadas centroamericanas. Demos un vistazo a sus líneas ante la labor del as de la esgrima se inspira…
“Artagnan, Cyrano y Lagardere en las gradas
El anunciador, después del asalto:
– Resultado: Vencedor, (Ramón) Fonst, de Cuba, cinco por cero.
Al cuarto de hora:
– Resultado: Vencedor, Fonst, de Cuba, cinco por cero.
Al cuarto de hora:
– Resultado: Vencedor, Fonst, de Cuba, cinco por cero.
Artagnan, con mucha finura a Cyrano y a Lagardere:
– Compañeros, no les parece que aquí estamos de más…
– Sí, vámonos, para no hacer el ridículo. A ese hombre no le toca ni el aire.
Y se fueron, con las espadas sonoras, sus bigotes atrevidos, y sus sombreros plumados, los tres grandes héroes de mi adolescencia, abochornados ante el triunfo incomparable del glorioso campeón de Cuba.”
La velocidad agarra al boricua-cubano.
“¡A galope!
– ¡Atletas, en sus marcas…! Listos… ¡Pum!…
¡Ya vienen!… ¡Ya pasan, como relámpagos, negros y blancos y a la mitad…! Y se tiran todos de golpes contra la cinta que rompe el primero, el negro Torriente, seguido al centímetro por el blanco Alfonso, cubanos ambos, y vencedores los dos de Bedford, la tremenda amenaza de Panamá”.
Pablo se detiene para atacar la tan fastidiosa vanidad de no pocos deportistas, crecida en estos tiempos mil veces más.
“El negro griego
En el cuarto de taquillas, Bedford, negro, como el casco de un buque negro, se viste. Tiene la musculatura ágil y perfecta, y brilla, como una moneda de oro negra. Tiene el perfil jactancioso y el aire pedante y tonto de casi todos los atletas estrellas. Y todo él es negro y perfecto como un griego que fuera perfecto y negro. ”
Pone a correr a un espíritu.
“Un fantasma sobre la pista
Descalzo, mirando a la tierra, con el pelo negrísimo, saltando en el salto rítmico, dividido en dos alas de aura, pasa, exacto, como el minutero de un reloj, el indio Jardines…
…Después de veinticuatro vueltas, los pies descalzos de Jardines no sangran… Hay en el público un entusiasmo emocionado y casi estético, ante la marcha triunfal de este corredor impecable, que cuando escucha el disparo de la última vuelta, agiganta el paso y huye, como si un fantasma indio de sus antepasados lo persiguiera con una antorcha luminosa.”
Hacia la piscina.
“Las estatuas que se caen
Desde lo alto del trampolín están tirando estatuas al mar…
Ahora ha volado la estatua de un cisne hecho hombre.
Ahora se ha caído la estatua de un ángel con las alas abiertas.
Y ahora se lanzó la estatura de un remolino.
¡Pérez Alderete y Mariscal! ¡Muchachos para estar siempre en el aire, entre el cielo y el mar! “
“Los tiburones cansados
A la orilla del mar dos tiburones están respirando fatigosamente y sudan por todo el cuerpo… Una tintorera les pregunta: “¿Qué les pasa? Parecen dos viejos asmáticos…”
– No, es que tratamos de alcanzar a La Rosa y a Smith…Son dos guayacones con trusa…”
Más allá de la creatividad
No nos quedemos solo con la originalidad y la belleza de sus escritos. Sin abandonarlas, ¡ataca!
Golpea duro al racismo del Habana Yatch Club, que no permitió la entrada a negros y mestizos en sus canchas durante la justa, suceso que ocasionó protestas. No solo denuncia en su escrito principal.
En el breve comentario ¿Qué pasó con las Olimpiadas Centroamericanas?, acogido por el semanario Pica-Pica, de San Juan, Puerto Rico, arremete contra ese salvajismo y cita un buen uppercut de La Semana: “Y el colega habanero que publica las caricaturas de los jugadores olímpico, entre los que figuran dos portorriqueños que parecen de color, también reproduce un gran retrato de Antonio Maceo y debajo, dice: Si este ciudadano estuviese vivo y hubiera querido asistir a los Juegos Olímpicos, hubiera sido rechazado a la puerta del Habana Yatch Club”.
Su ofensiva contra lo antihumano en Las Olimpiadas no perdona ni el acto inaugural. “Puerto Rico, representado por solo cuatro valientes competidores, pasó enseguida. ¿Por qué estos muchachos trajeron la bandera americana, tan poco necesitada de glorias deportivas? ¿Por qué no traer a Cuba, ya que no fue el gobierno de la isla sino un grupo privado quien los enviaba, según las mejores noticias, la bandera borinqueña, tan parecida a la nuestra?”, glosó.
No ceja: “Y tuvimos que oír el Dios salve al Rey de majestuosa solemnidad, pero seguramente no tan grato como cualquier aire de la tierra libre, si Jamaica lo fuera. Y aun tuvimos que oír el de la tierra espléndida de Washington, maravilloso para ser tocado allá, para ser tocado en inglés, pero no para oírlo, sostenida la bandera por un portorriqueño sin libertad en La Habana, adonde por mucho de la culpa de su país, no se ha podido escuchar ni el de Nicaragua, ni el de Santo Domingo, ni el de Haití”.
Trompada noqueadora en el encuentro decisivo de baloncesto frente a los aztecas. Más que leer estos párrafos a uno le parece estar escuchando lo atrapado en letras: “La noche del desempate solo hubo un incidente digno del recuerdo.
El público, poco contento con el trabajo de un forward (delantero) cubano, comenzó a gritar:
-¡Quiten a Machado!…!Quiten a Machado!
Y la petición obtuvo una aprobación tan unánime y ruidosa que apenas pudo escucharse cuando una gran voz gritó con alegría burlona:
-¡Sí, hombre, que quiten a Machado y que pongan a otro!
Siempre he pensado que esa voz era la de Pablo de la Torriente Brau.
Ver más:
Camino a Barranquilla: I Juegos Centroamericanos
Camino a Barranquila: II Juegos Centroamericanos, una cortina de humo
